¿Un país sin periodismo?

Hay que seguir presionando a los procuradores para encontrar a los responsables de nuestros comunicadores asesinados y garantizar el derecho a la libertad de expresión.

¿Un país sin periodismo?

¿Te imaginas un país sin periodistas? Un país en el que la delincuencia y el miedo hayan triunfado y nadie pueda criticar a las autoridades por lo que hacen o dejan de hacer.

O en donde no se puedan investigar, ni señalar los crímenes y abusos que se cometen en contra de la sociedad. Pues por desgracia ese es el país en el que podríamos vivir, si no detenemos los asesinatos contra el gremio.

Como lo dijo el autor John Gibler, “en México es más peligroso investigar un asesinato, que cometerlo”.

Como mexicano y como hijo de periodista, me duelen y enojan los cientos de agresiones en este sexenio, y el asesinato de seis de ellos sólo en este año.

Los periodistas ven con frustración que pese a publicar en periódicos y noticieros, los crímenes que a diario se comenten en el país, no existe autoridad que los investigue, porque no existe ni voluntad, ni capacidad institucional, ni profesionalismo para atender los casos.

Ya pasaron muchos años de que la UNESCO reconoció que la actividad más peligrosa del mundo, es la de periodista. En este quehacer no se cuenta más que con un bolígrafo para recoger hechos y opiniones que se plasman en el papel o que se dicen en la radio y la televisión. Eso basta para que muchos se sientan incomodados, aludidos, y paguen a un sicario, para que éste asesine al autor.

El último periodista asesinado fue Javier Valdez, un hombre que se atrevió a desempeñar el periodismo más arriesgado, aquel que expone el vínculo entre el Estado y el crimen organizado.

Valdez dijo en una entrevista: “no somos reporteros de la mordaza. El gobierno quiere relacionar todo con el narco, porque es una forma de enterrarlo, de extender el manto de impunidad. Qué cómplices tiene adentro y afuera del gobierno. Es importante toda esta información para saber qué vas a publicar y qué no vas a publicar. Tenemos que aprender a jugar en esos niveles de peligro. A jugar ese juego macabro para seguir publicando por lo menos una parte de lo que ocurre”.

En honor al libro de Javier Valdez, "los huérfanos del narco", como mexicanos no podemos resignarnos a ser "huérfanos de la justicia".

Pero ¿Qué autoridad sería capaz de poner un freno?, cuando vemos, por ejemplo, que el Fiscal de Nayarit lo agarraron por tener nexos criminales, o cuando a la policía preventiva de Zihuatanejo la desarmaron por estar presuntamente vinculada a las mafias.

Hay que seguir presionando a los procuradores para encontrar a los responsables de nuestros periodistas asesinados y garantizar el derecho a la libertad de expresión.

Pero, si realmente queremos atacara el fondo del problema, necesitamos dejar de tapar el sol con un dedo y sacar las toneladas de dinero de las campañas políticas.

Porque ahí es donde los candidatos le venden su alma al diablo para pagar los favores financieros, y en muchos casos los criminales se convierten en sus jefes.

No podemos seguir permitiendo que el voto de la gente se compre a billetazos, como lo están haciendo en el Estado de México, y la solución a eso son campañas independientes y austeras.

Más allá de las débiles expresiones de solidaridad, y la convocatoria coyuntural para buscar la coordinación institucional entre órdenes de gobierno, el Presidente de la República debería hacer una amplia convocatoria a medios, periodistas y autoridades para definir y articular una verdadera política de Estado que involucre todos los instrumentos institucionales necesarios para garantizar el derecho a la libertad de expresión y la protección de periodistas y trabajadores de los medios de comunicación.

De la vida de cada uno de nuestros periodistas depende la libertad del país en que queremos vivir. Nuestra democracia está en juego.

¡Yo no puedo imaginarme un país sin periodistas!