¿Eres un colaborador indeseable?

La columna de Helios Herrera nos ayuda a identificar quién es quién en nuestros equipos de trabajo

Por Helios Herrera

Así como estar en pareja con una persona que en lugar de sumar a nuestra vida nos resta, lo mismo ocurre cuando en nuestro equipo de trabajo o empresa trabajamos con invididuos que podríamos clasificar como “indeseables”, es decir, aquellos empleados que presentan comportamientos hostiles o acciones manipuladoras que afectan el entorno laboral. Querido lector, entiéndanse estas líneas no para señalar y clasificar a nuestro entorno,  sino para hacer una reflexión personal sobre nuestro actuar cotidiano y el impacto positivo o negativo que éste puede tener.

La conclusión que podemos sacar, es que sin importar el tamaño, antigüedad o giro de las empresas, siempre hay presencia de personas que, por diferentes causas, a veces hasta desconocidas, pertenecen a aquellos seres indeseables, pero al final de todo existentes.

A continuación, te presento los diez tipos de empleados indeseables, reitero que no es con el afán de llegar el día de mañana a la oficina con pluma y este artículo, para ver quién es quién, sino para darnos cuenta que al final de todo somos seres perfectibles; sin embargo, para lograrlo primero hay que identificar nuestra área de oportunidad.

  1. El que nunca cambiará. Por más retroalimentación que recibe por todos lados, hasta a veces parece ser bombardeado con ello, para este empleado las cosas son como él dice y no hace nada por mejorar ni empeorar. Parece que tiene más vidas que un gato dentro de la empresa, ya que pelotea los problemas y al final de cuentas salva la situación.
  2. El descuidado. No cuida, ni lucha por sus clientes, por su empresa, ni por su propia chamba; parece que no le importa, ni tantito, tener trabajo. Para este empleado lo único que realmente importa es su bienestar, se justifica tras el “tengo que estar bien para trabajar bien”, donde ese estar bien, implica modificar tiempos de entrega, calidad en el trabajo, entre otros. 
  3. El sobrevalorado. Cree que por tener un currículum impecable (que su trabajo le ha costado) y cumplir con el perfil exacto para su puesto, ya está del otro lado. Es el típico que se dedica a calificar a los demás por su trayectoria académica y no por sus resultados. Se hace del rogar, ya que “su sabiduría lleva tiempo” y la empresa es la que debe adaptarse a su manera de trabajar.
  4. El de mala actitud. Es buenísimo en su trabajo, pero tiene la peor actitud no sólo al interior de la empresa, sino con los clientes y proveedores. Es el típico al que es mejor huirle, de hecho, prefiere trabajar solo, sin tener contacto con nadie, sin tener que recibir comentarios de nadie, sin tener que ver absolutamente nada con nadie.
  5. El sociable tóxico. Tiene entre sus actividades diarias, la hora del café, el cigarrito y el encuentro “coincidente” en el comedor o fotocopiadora para platicar. Es amante de los chismes, contamina cual plaga y contagia sus constantes inconformidades. En casos extremos veladamente se puede volver un agitador profesional que adore ver cómo todos pelean.
  6. El que no sabe decir “no”. Suelen ser personalidades inseguras de sí mismas, como bebé, teme constantemente no agradar, no cumplir, quedar mal y entonces se compromete a toda solicitud aun cuando sabe de antemano que no posee la capacidad para ciertas tareas. Cualquier jefe se siente encantado con su actitud, pero cuando aparecen los incumplimientos y su ineficiencia, entonces todo se viene abajo.
  7. El sabelotodo convenenciero. Sabe de todo, se involucra en todo, tiene que ver con todo y nada es lo que da como resultado tangible. Sólo se dedica a ver cómo puede quedar bien con los jefes, haciéndoles creer que puede convertirse en su mano derecha. Nunca dan una opinión sincera o útil para no contradecir a nadie que tenga más jerarquía que ellos.
  8. El guardián. Se siente el rey de la ética y su tiempo lo ocupa, en lugar de trabajar y producir, en andar de policía de los demás. Su labor es reportar a sus superiores cualquier situación fuera de la norma, disfruta cada reporte o acusación que hace de sus compañeros, son el típico “un ojo al gato y el otro al garabato”.
  9. El intocable. Se rodea de la gente que ostenta el poder en la empresa, utiliza esta posición para meterle el pie a otros y para ser tratado de manera especial. Sin embargo, a escondidas pone en tela de juicio, el papel de liderazgo de sus propios jefes, ya que se sabe con un poder de manipulación con el alto mando que puede salvarle de cualquier problema.
  10. El renegado. Siempre quiere hacer las cosas a su manera, brincándose políticas y procedimientos, poniendo también en riesgo a los clientes de sus empresas. Rebelde por naturaleza y no hace las cosas que tiene que hacer, toma decisiones que no les corresponden y al momento en que se le da una retroalimentación, lo único que hace es quejarse y victimizarse.

Al final del día todos alguna vez hemos sido “indeseables laboralmente”. Te invito a tomar nota y comenzar con pequeños cambios contrarios a los puntos antes mencionados.

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