El trabajo infantil, especialmente para quienes no quieran saberlo

Impide que los niños adquieran las calificaciones y la educación necesarias para asegurarse un futuro mejor

El trabajo infantil, especialmente para quienes no quieran saberlo

Pocos temas son tan duros y tan tristes como la explotación de los niños. La misma naturaleza nos dotó de un instinto que prende una alarma de conmoción, de escándalo, de intento de protección, cuando advertimos algo que le hace mal a un menor.

Así sucede con el trabajo infantil, el cual, fuera de los límites adecuados, impide que los niños adquieran las calificaciones y la educación necesarias para asegurarse un futuro mejor. Además, perpetúa el círculo vicioso de la pobreza.

Por cifras del INEGI sabemos que en México son casi dos millones y medio lo infantes ocupados. Por supuesto, no todo el trabajo infantil es nocivo e ilegal. Sin embargo, nueve de cada diez realiza actividades no permitidas.

¿Qué significa un trabajo peligroso o de peores formas de explotación? Son aquellas actividades que exponen a los niños y niñas a abuso físico, psicológico o sexual. Por ejemplo, trabajo bajo la superficie o en alturas peligrosas; trabajo con maquinaria, equipos y herramientas peligrosos, trabajos que los exponen a sustancias dañinas, durante horarios prolongados o durante la noche (Cfr. IPEC).

Tres de cada 10 de los que hacen actividades no permitidas trabajan en el campo, 1 de cada 4 en servicios y 2 de cada 10 en el comercio. Así, hay niños trabajando en actividades agrícolas, ganaderas, forestales, de caza y pesca, en apoyo de la minería, construcción e industria, como comerciantes, empleados en ventas, apoyo en la minería, en construcción, en la industria y muchos en trabajo doméstico.

La OIT señala que el trabajo ligero admite un rango de horas que va de 1 a 14 horas a la semana, considerando que este tiempo permite la asistencia escolar y tiempo de recreación. Sin embargo, sabemos que tres de cada diez niños en ocupación no permitida laboran hasta 14 horas a la semana. Eso es lo menos grave. Porque, por si fuera poco que ya están en una actividad no permitida, más de la mitad de ellos trabaja más de 14 horas y hasta más de 36 por semana. ¡Tremendo!

Un último dato. De todos esos niños que trabajan, casi el 70% o no recibe un salario, o recibe hasta un salario mínimo, que son 80 pesos.

Y si este panorama es triste para cada niño, en su historia personal, además, tampoco ayuda al país. Comprometer la infancia es atroz, también porque los países pierden competitividad, productividad y mejores ingresos que podrían tener si, en lugar de explotarlos, cuidamos, educamos y formamos a nuestros niños.

El trabajo infantil es, desde la perspectiva nacional, una tragedia. En palabras de Facundo Cabral, es “empeñar la cabeza para tener un sombrero”. O, al decir de Alberto Cortéz, pensar que “es más importante la miel, que las abejas”.