El esperanzador futuro posible de Colombia

Siete mil 132 armas fueron entregadas por las FARC al gobierno colombiano en un proceso de desarme, resultado de las negociaciones para los acuerdos de paz

El esperanzador futuro posible de Colombia
Por Ibero

Por: Claudia Jiménez

El pasado 26 de junio se puso fin a la guerra más longeva de Latinoamérica. 7 mil 132 armas individuales fueron entregadas por las FARC al gobierno colombiano en un proceso de desarme, resultado de las negociaciones para los acuerdos de paz.

Tan sólo una semana antes, en Bogotá, un artefacto explosivo fue detonado al interior de los baños de mujeres del centro comercial Andino, el más exclusivo de la capital colombiana. Tres mujeres perdieron la vida y once resultaron heridas en dicho atentado, que se dio justamente en el proceso de las negociaciones de paz en las que se encuentra el gobierno colombiano con el Ejército de Liberación Nacional, el segundo grupo rebelde del país.

Ningún grupo guerrillero reivindicó el atentado, sino al contrario: el ELN condenó los hechos y Rodrigo Londoño, mejor conocido como Timochenko, jefe de las FARC, repudió los atentados en su cuenta personal.

En ese contexto, la pregunta resulta inevitable, ¿en qué consiste un proceso de paz en un país en donde sigue existiendo la violencia terrorista?

La situación para el gobierno de Juan Manuel Santos no ha sido fácil, como tampoco lo ha sido poner fin a una guerra de más de 50 años. En una mesa de la Habana, los grupos guerrilleros y el gobierno colombiano se sentaron dispuestos a dialogar para lograr un acuerdo que a todas las partes les resulte conveniente. No obstante, el proceso de paz en Colombia no se ha logrado a pesar de la disposición y de la urgencia que tienen los involucrados. ¿Por qué? Contrario a cualquier noción de sentido común, en Colombia hay quien está en contra de los acuerdos de paz.

El desarme es sólo un aspecto de todas las soluciones que se requieren en Colombia. La derecha ha amplificado el resentimiento entre la sociedad, quién durante años ha pagado muy caro los errores en las metodologías de la guerrilla.

Nadie en Colombia se salva de los estragos de la guerra y todo colombiano la ha vivido, ya sea directa o indirectamente. El desarme es sumamente importante en tanto promesa y compromiso con Colombia, pero en una siguiente etapa, el balón queda completamente en la cancha de la sociedad. Quizás la cara más difícil sea el perdón, la participación de la ciudadanía colombiana en el proceso de reinserción de los guerrilleros a la vida civil con la visión de tener un mejor futuro posible para Colombia.