Al rescate de la Ciudad de la Esperanza

En tan sólo quince años, de 1997 a 2012, la ciudad enterró el modelo oscurantista impuesto por el PRI, en el cual el presidente de la República designaba por dedazo al regente del Distrito Federal

Por César Cravioto

Hace veinte años, el 6 de julio de 1997, los capitalinos decidieron que la izquierda gobernara la Ciudad de México.

Ante el esquema neoliberal impuesto en México desde 1982, con su consiguiente estela de desempleo, pobreza, desnacionalizaciones y represión, la gente optó por un gobierno con espíritu nacionalista, participativo y afín a la ciudadanía.

En el año 2000 se ratificó la preferencia por un gobierno ciudadano al ser electo Andrés Manuel López Obrador como jefe de Gobierno, quien marcó un hito en la historia de nuestra ciudad por haber acentuado, en el centro de su estrategia, al bienestar social.

La austeridad y el combate a la corrupción fueron el pivote para lograr el equilibrio de las finanzas y así contar con fondos para impulsar la educación, la salud y atender a la población marginada.

Es larga la lista de programas de carácter universal impulsados por López Obrador, entre los cuales sobresale el de las pensiones a los adultos mayores. Pero también el destinado a madres solteras, el seguro de desempleo, becas a estudiantes… la creación de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México y de quince preparatorias.

En su gestión disminuyeron, de manera sustancial, los índices delictivos, se dieron créditos a proyectos productivos y se respetaron los derechos humanos.

En 2006 la ciudadanía refrendó su respaldo a la izquierda. Y continuaron, e incluso se incrementaron los programas sociales, como el denominado Prepa Sí, que le ha permitido a miles de muchachos concluir sus estudios de nivel medio superior.

Sobresale, asimismo, el Programa de Comedores Públicos y Comunitarios, creado en 2009, el cual fue operado por Martí Batres Guadarrama, entonces secretario de Desarrollo Social del gobierno capitalino y hoy presidente del Comité Estatal de Morena en la ciudad, quien lo instauró para mitigar el deterioro alimentario de millones de capitalinos.

Hoy, gracias a una iniciativa presentada por el grupo parlamentario de Morena en la Asamblea Legislativa, se ha convertido en Ley de Comedores Sociales.

También destaca el Programa de Mejoramiento Barrial, asimismo establecido por Batres, que funciona con una inversión mínima, mediante el trabajo comunitario y el cual ha sido distinguido con múltiples reconocimientos internacionales.

La instauración de una policía ciudadana, de proximidad, es otro de los logros mayores de los gobiernos de izquierda, misma que en la actualidad ha sido desechada.

Muchas otras han sido las contribuciones de la izquierda al desarrollo de la ciudad, como la construcción de hospitales, la defensa del cambio climático, la apertura a matrimonios no tradicionales…

De tal modo, en tan sólo quince años, de 1997 a 2012, la ciudad enterró el modelo oscurantista impuesto por el PRI, en el cual el presidente de la República designaba por dedazo al regente del Distrito Federal y sus habitantes no eran dueños de su destino.

Recuérdese que no fue sino hasta 1993 que mediante una reforma constitucional se eliminó la figura de jefe del Departamento de Distrito Federal para ser sustituida por la de jefe de Gobierno. Reforma que no fue producto de una graciosa concesión, sino de los reclamos de la gente ante la ausencia de órganos de gobierno emanados de la voluntad popular.

Hoy, en 2017, el gobierno de la Ciudad de México, por el cual los capitalinos votaron de manera categórica en 2012, ha extraviado el rumbo para sumarse a la senda neoliberal que ha llevado a México al borde del abismo.

En efecto, el jefe de Gobierno ha optado por privatizar los espacios públicos, desde deportivos hasta estaciones del Metro, sin olvidar centros de transferencia de transporte, vasos reguladores y calles.

A los ciudadanos se les trata como enemigos al reprimir su derecho a participar en marchas, o como víctimas propiciatorias de la ambición de las autoridades al aplicarles una agresiva política recaudatoria con alzas desmedidas de 67 por ciento al boleto del Metro, de 5 mil al predial y de hasta 700 por ciento en multas de tránsito.

Ha repuntado la inseguridad y el crimen organizado se asoma por nuestras calles, al tiempo que el desarrollo urbano ha cedido su paso al demencial auge de megaproyectos derivado de la complicidad de funcionarios con “desarrolladores” sin escrúpulos.

Al cumplirse 20 años del cambio político que permitió ejercer el derecho de elegir a nuestros gobernantes y tener gobiernos progresistas, es hora de recuperar el rumbo y el tiempo perdidos para reconquistar el aliento republicano.

Los capitalinos ya disfrutaron de los buenos gobiernos de izquierda. Por tanto, ante los estragos ocasionados por el último mal gobierno del PRD, éste no retomará las riendas de la ciudad. Y por supuesto, el PRI tampoco la gobernará de nuevo. Y mucho menos llegará a dirigirla Acción Nacional.

En 2018, Morena, que hoy representa ideales semejantes a los postulados por la izquierda en 1997, ganará las elecciones de manera tan contundente a como en ese entonces lo hizo Cuauhtémoc Cárdenas.

*Coordinador del grupo parlamentario de Morena en la Asamblea Legislativa. ()

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