Cuando tú eres el problema

El origen de todo comportamiento fallido y poco resiliente se fundamenta principalmente en una serie de valores y conductas que no logró asimilar a edad temprana

Por Yazmín Alessandrini

El ser humano en la adultez es un extenso muestrario de todo aquello que asimiló durante la infancia y la adolescencia. Es por eso que en la mayoría de las ocasiones cuando una persona madura tiende a evadir sus responsabilidades y a culpar a todo el mundo por sus desgracias y su mala suerte, bien vale mucho la pena analizar el entorno en el que ésta se desarrollo, porque el origen de todo comportamiento fallido y poco resiliente se fundamenta principalmente en una serie de valores y conductas que no logró asimilar a edad temprana.

Y este tipo de personas, hombres y mujeres por igual, que todo el tiempo juegan el rol de víctimas ante las adversidades y que tal pareciera que viven en una depresión permanente, no son más que el resultado de una cadena de malas decisiones tomadas a lo largo de su vida y que, llegados a un punto de su edad adulta, estallan como una olla de presión porque no aprendieron ni a manejar ni a resolver los problemas que se les presentan en el día a día.

Así las cosas, podemos encontrarnos con adultos que inexplicablemente se encuentran entrampados en lo que conocemos como el “Síndrome de Peter Pan”, que no es más que el miedo a crecer y a aceptar los roles que les corresponden por su edad, lo que definitivamente termina por impedir que éstos se desarrollen personal y profesionalmente porque su comportamiento en definitiva se quedó anclado en una etapa en específica en donde lo más común es evadir, procrastinar o desentenderse de las responsabilidades y compromisos, ignorando que esta manera de pensar/actuar les acarreará gravísimas consecuencias en cualquier aspecto de su vida.

Pero, ¿qué es lo que impide que un hombre adulto sea incapaz de proporcionar seguridad y certeza a otra persona, ya sea a nivel emocional o material? De acuerdo al psicólogo Dan Kiley, quien se hizo famoso en la década de los ochentas por realizar diversos estudios para analizar este tipo de conductas, principalmente en varones, aquí el problema principal es que estas personas no saben o no quieren aceptar las obligaciones propias de su edad y esto, a su vez, los imposibilita para desempeñar determinados papeles (padre, esposo, jefe, etcétera) que son inherentes al ciclo vital de cada individuo.

Asimismo, esta conducta, que se deriva de alteraciones emocionales y conductuales, es producto de elevadísimos niveles de ansiedad y de tristeza que desembocan en un estado de depresión permanente que requiere de atención profesional urgente. Y es que cuando una persona se siente poco realizada con su vida y a su alrededor tiene a otros que sí tienen éxito en lo que hacen, prácticamente en automático deja de asumir sus responsabilidades y, por ende, tampoco disfruta de los retos… el resultado es una autoestima totalmente vapuleada.

Y cuando esta conducta se prolonga por mucho tiempo lo que vamos a encontrar será a una persona con agudos trastornos de pensamiento que difícilmente se va a adaptar a dinámicas en donde se requiere de disciplina, esfuerzo y compromiso. Así que si tu eres de esos que se aferran a seguirse vistiendo como cuando tenías 19 años, si acostumbras a prometer cosas que jamás cumples, si tan sólo duras unas cuantas semanas en tus empleos, si nunca tienes suficiente dinero en la cartera como para poder invita a salir a una mujer… ¡cuidado!, es muy seguro que pertenezcas a esta repudiada estirpe de hombres que se niegan a crecer y a resolver su propia vida y sus propios problemas.

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