México surrealista: nueva comprobación de pagos

De los creadores del “recibido en la Oficialía de Partes”, han llegado el “impuesto por concepto” y la “validación” ante el SAT de las facturas

Por Juan Enrique Huerta Wong

Hoy, usted va a un restaurante, y al pagar el personal le informa que la factura le llegará a su correo electrónico. Como la factura no llega, usted llama una y otra vez hasta que dos semanas después, obtiene (a veces) el comprobante fiscal correspondiente. En un país de analfabetismo tecnológico, el timbrado fiscal es en la práctica un sistema que propicia la evasión fiscal dado el engorro de sus trámites.

A partir de este julio de 2017, se requieren dos trámites adicionales al tradicional timbrado fiscal. Uno es por parte del negocio que expide la factura, otro es por parte del contribuyente que paga el servicio.

El primero es del “testigo de pago”. Adicional a dar de alta la información, hay dos procesos adicionales. Uno es el de acreditar la forma y temporalidad del pago, el otro es de validar cada tipo de impuesto diferente. La factura tendrá que validar ahora el desglose de impuestos por cada producto que acredite la factura.

Después de esperar la consabida hora y media que esto le llevará al cajero del restaurante, el contribuyente aún tiene una tarea pendiente, validar ante el SAT la factura. Esto es, obtener un certificado de que el documento con el que cuenta en realidad fue timbrado por el SAT y no obtenido de manera apócrifa.

Esto resuelve dos problemas para Hacienda. El primero es reducir el tiempo que un burócrata tarda en encontrar cuántos impuestos se pagaron de manera diferenciada. El segundo es reducir la cantidad de facturas apócrifas. El segundo se resuelve mejor con un cajero fiscal, es decir, la obligación de usar un cajero expedido por Hacienda en cada negocio. Se aumentan dos problemas a los contribuyentes en cambio.

En una sociedad de avanzada, el contribuyente gana ingresos en el mercado laboral, reporta cada año sus ingresos en una forma de dos páginas. No tiene un conocimiento profundo de las finanzas. Gana según venda elotes o enseñe cursos. Paga lo que debe para mantenerse y enviar a la progenie a la escuela y ya está. Si le toca en suerte ser supervisado, un agente del gobierno evalúa si la manera en que vive es la manera en que gana, empezando por el 1% de los que más ganan.

En una sociedad bananera, todo es complicadísimo. El 1% no es tocado, y lo que queda es la clase media “alta”, clasificada como quien gane más de 33 mil pesos de salario antes de impuestos. Esa clase está condenada a pasar la vida haciendo facturas para comprobar lo que Hacienda debería registrar automáticamente vía, por ejemplo, cajeros fiscales a los negocios. Ya era suficientemente lenta y absurda la idea de la facturación, y ahora se ha implementado un nuevo proceso.

Parece una inspiración, más que de una Hacienda pública donde los técnicos graduados en las mejores escuelas del mundo compiten por el mejor modelo econométrico para resolver los grandes problemas del futuro, de una Secretaría del Trabajo preocupado por emplear más a los Godínez desaprovechados del presente.

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