Siempre lo hemos escuchado: Alfa Romeo

Por Guillermo Lira

La realidad es que son autos bellos, que nos hacen soñar, con diseño y que siempre nos han abierto la pupila, hoy han llegado a México con una buena estrategia y respaldo. Quizás han sido de los últimos en enamorarnos del contingente que llamo “deportivo-europeo” y aunque seamos sinceros nunca han sido masivos sino para un nicho; ese “nicho” de personas los pone en un lugar especial pero pequeño, en un sitio de mercado de entusiastas que están dispuestos a todo por tener un Alfa Romeo, a esperarlo en el color, especificaciones y técnica que han decidido comprarlo —pues un Alfa Romeo se decide comprar, nunca es un impulso pasajero, sino un deseo constante—, con clientes que están dispuestos a esperarlo al salir de servicio, a disfrutarlo como ningún otro que han tenido y hasta enseñarlo a los muchos que les preguntarán por el vehículo cuando los vean en la calle.

Une dos vertientes que pocos tienen, quizás la vertiente más romántica —la que muchos le llaman la parte Romeo— donde realmente sus diseños se vuelven un poema automotriz, no hay a quien no les llame la atención, llene la pupila y les entre directamente al cerebro por los ojos como un objeto de incuestionable gusto y formas caprichosas atractivas, de interiores elegantes pero seductores; la otra parte es más racional pero igual de emocional, se oyen cifras, caballaje, especificaciones de suspensiones, cajas de velocidades, etcétera, pero la promesa de un sentimiento de manejo único, deportivo y satisfactorio al más exigente siempre está presente.
Son, sin duda, objeto de culto a través de la historia del automóvil y de la ingeniería automotriz, son de los más extrañados por aquellos que alguna vez pudieron manejarlos en el país y por los que visitan Europa —qué decir la bella Italia— y no haberlos tenido en el país por décadas.

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