Instrucciones para clausurar su boca

Para ser leídas con: “What’d I Say”, de Ray Charles

Instrucciones para clausurar su boca

Paso 1. Pare las ganas de opinar de todo

No es común que uno hable poco. Puede ser que en algún momento de la
lactancia se nos inyecte una vacuna contra el silencio, misma que podría tener la capacidad de liberar la desesperada necesidad para opinar y etiquetar a todo. Lo que sea que usted vea, será antropocéntrico. Y curiosamente, así es como termina la historia de un silencio hermoso, cuidado y educado para persistir y mostrarse como signo de una mente saludable. El problema con proyectar superimposiciones reiteradamente es que nos convertimos en espectadores de una función cíclica y aparentemente sin final.

Paso 2. Calle cuando hablar se vuelve obligación

De niño nos ponían mute con un simple alzar de cejas. La frente de una mamá se llenaba de esas arrugas que encendían las alertas previas al embargo comercial del postre, o peor aún a los lanzamientos balísticos de misiles, nalgadas o pantuflazos (mucho menos dignos). Hoy las cejas siguen al aire y uno calla por convicción. No hay mucho qué decir si el continente hace las veces de contenido y se confunden mutuamente. Observe esto en una reunión, por ejemplo, donde se habla… porque a eso se va, y la charla pudiera tornarse en obligación.

Paso 3. Pregunte qué está tramando

Si uno calla es porque algo ha de estar tramando. No es una regla general, pero es varias veces más respetable que el (Yo) que no para de hablar (de Yo). Vea cómo su mente se
agarra de lo que sea como un hilo de media y con una falsa certeza de las cosas y del mundo, se convierte en el capo del parloteo y envoltura de una palabrería
desordenada que parece disfrutarse en la alharaca. El problema es que mientras se habita una realidad dinámica, la proyección es estática y la interpretación (y el habla) absoluta.

Paso 4. Destruya (en silencio) al mundo

Aunque estoy seguro que a mi editor de Publimetro, poco le hubiera convencido recibir un documento en blanco después del título, debo aceptar que esta idea cruzó mi mente como una forma de presentar la columna de esta semana. Esto a modo de pregunta: ¿tenemos forma de conocer el mundo independiente a los sentidos? ¿Cómo se veía el mundo en el 5º día, antes de que llegara el hombre? Quédese en silencio un rato, una hora, un día. Note todo lo que ocurre cuando se frena el diálogo interno. El silencio es un privilegio y no una obligación.