La comodidad de quien no quiere ver

La Comisión Nacional de Seguridad y el Instituto Nacional de Estadística y Geografía reportó que existen 236 mil 886 personas privadas de su libertad

Por Ibero

Por: Adán Plata

Existen infinidad de secretos a voces en las estructuras gubernamentales de nuestro país y el sistema penitenciario es uno de ellos. En México, de acuerdo a las últimas cifras (2016) presentadas por la Comisión Nacional de Seguridad y el Instituto Nacional de Estadística y Geografía existen 236 mil 886 personas privadas de su libertad y nos preguntamos por la relevancia de esta cifra, ¿y a mi qué?, me dijeron alguna vez que hablaba del tema, este tema que en la mayoría de las ocasiones preferimos no pensar porque automáticamente evoca a la incomodidad, esa sensación que se aparece en tantos contextos de lo cotidiana y que en este caso es la invitada más recurrente ¿por qué nos incomoda la cárcel? Porque le tenemos miedo, y cómo no tenerlo si en este país existen más de 95 mil 742 personas detenidas en lo que se resuelve si son culpables o no, cómo no tenerlo si las condiciones de vida que existen dentro de los centros de “reinserción” son paupérrimas con sobrepoblación que oscila entre 200% y 550% en los peores casos, cómo no tenerlo cuando el sistema penitenciario tiene índices de corrupción como pocos y cómo no tenerlo porque de continuar las condiciones que imperan la inmensa mayoría de los habitantes de este país somos propensos a ser víctimas del mismo.

Sin embargo, y contra todo pronóstico, ha habido esfuerzos impulsados por la sociedad civil que han puesto el dedo en la llaga y se han traducido en acciones concretas como la creación del sistema penal acusatorio que orienta los beneficios a la víctima del hecho delictivo garantizando la reparación del daño siempre y cuando la parte afectada esté conforme.

Con la implementación de este sistema se pretende despresurizar a los centros de reinserción de este país que tienen un problema serio de sobrepoblación originado principalmente por el abuso de la figura de la prisión preventiva, entre otras cosas, y que últimamente ha sido mencionado a propósito de ley de seguridad interior como uno de los principales causantes del alza en la inseguridad.

No permitamos que sea desvirtuado este esfuerzo de tantos años por fines electoreros e incompetencias de nuestras autoridades, tratar de cambiar una estructura tan anquilosada como lo es la impartición de justicia es una labor titánica y de largo aliento.

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