Valora más tus logros y hazlo un hábito

La columna de Helios Herrera nos explica la importancia de valorar los triunfos obtenidos

Por Helios Herrera

Uno de los puntos básicos para lograr nuestras metas es aprender a valorar lo que ya hemos conseguido. Reconocer nuestros logros nos puede ayudar a mejorar nuestra autoestima, además de que es la base para poder seguir planteándonos nuevos y mayores objetivos.

Es importante que nos tomemos un tiempo para pensar todo lo que hemos construido a lo largo de nuestra vida y todas las cosas que hoy nos hacen felices y estar en el lugar que estamos. Por ejemplo, acabar un grado de estudios, conseguir aquel anhelado trabajo o arrancar un negocio independiente, bajar esos "kilitos" de sobra o dejar de fumar; no importa el tamaño de la meta, puede ser algo tan sencillo como cambiar tu refresco favorito por un vaso de agua para cuidar tu salud. 

Recientemente muchos especialistas han hablado de la existencia del Síndrome del Impostor o del Síndrome de Fraude, el cual es un fenómeno en el que la gente es incapaz de reconocer sus logros, es decir, las personas están convencidas de que son un fracaso y no merecen el éxito que han conseguido. No me dejarán mentir que muchas veces sólo nos autoflagelamos diciéndonos lo malo que somos para tal y cual cosa, reclamándonos las veces que no hemos logrado algún objetivo, y así se nos va la vida, nos hacemos las personas más duras con nosotros, en lugar de recordarnos constantemente que somos los responsables de cuidarnos y echarnos porras para seguir adelante.

Por otro lado, también hay personas que son capaces de reconocer sus logros personales, pero no le dan la importancia que deberían, porque se comparan con otras personas que han logrado otras cosas que también les hubiera gustado conseguir, y lo único que generan es un rechazo a su propia realidad.

Pues bien, la importancia de celebrar los logros tiene que ver con cómo se forma un hábito, para lo cual se necesitan tres elementos fundamentales:

  1. Disparador: Es una acción que “dispara” o nos lleva a otra acción, definir un disparador es importante para determinar en qué momento o bajo qué condiciones deseamos adquirir este nuevo hábito. Por ejemplo, antes de irme a dormir leeré un capítulo de determinado libro. Aquí el disparador es “antes de irme a dormir”.
  2. Conducta: La acción que se desea modificar, es una acción específica. En el ejemplo anterior la conducta es “leer un capítulo de determinado libro”.
  3. Recompensa: Una acción se consolida con más facilidad cuando nos da una recompensa positiva inmediata. Tú debes crear esa recompensa, puede que esa gratificación sea darte tú mismo una palmadita o inclusive premiarte físicamente con algo, como un pequeño placer que disfrutes: Un dulce, escuchar una canción, darte tiempo extra de tv, etc.

Reconocer y festejar los logros se conecta directamente con la recompensa. Tener una recompensa implica que hay algo que nos motivará y estimulará para volver a realizar cierta conducta cada vez que haya un disparador; cuando este proceso ocurre es entonces que se convierte en hábito. En resumen, digamos que es un ciclo.

A veces la recompensa es un resultado natural del hábito. Por ejemplo:

Saliendo del trabajo iré a correr al menos 30 minutos, la recompensa puede ser el sentirnos mejor con nuestro cuerpo y que los demás lo noten.

Antes de dormir leeré un capítulo del libro sobre finanzas personales, la recompensa final es estar más preparado para llevar unas finanzas personales más saludables.

Cuando reciba mi pago destinaré un 10% para ahorrarlo, la recompensa final será que tendré la cantidad suficiente para adquirir algo que deseo.

Querido lector, te invito a que con estos tres pasos comiences a aplaudir tus logros hasta convertirlo en un hábito, nunca olvides que la motivación para cualquier cosa nace dentro de ti, y si no eres tú quien te aplauda, ¿entonces quién?

Piensa, reflexiona y actúa.

Helios Herrera

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