¿Cuánto vale una vida?

La obligación del Estado, para eso pagamos impuestos, es ver por los intereses del gran público, no los intereses privados

¿Cuánto vale una vida?

Se ha escrito mucho acerca de las pifias del secretario de Comunicaciones y Transportes, Gerardo Ruiz Esparza, en el socavón del Paso Exprés. De todas, llama la atención el desdén con el que se ha dirigido desde el inicio a la familia Mena.

La historia es conocida. Juan Mena López, de 56 años de edad, y su hijo Juan Mena Romero, de 36, viajaban temprano el 12 de julio por el Paso Exprés, cuando se hundieron en un socavón causado por las lluvias… y por el concurso de los que diseñaron, construyeron y autorizaron las obras.

La reacción fue lenta. Lo rápido fue el precio que pusieron el secretario y las compañías Epccor Aldesem a las vidas, 1 millón de pesos de indemnización. Cuando el precio fue puesto, 3 horas después del accidente, aún nadie intentaba rescatar a las víctimas.

La familia rechazó esta indemnización, lo que fue etiquetado por el secretario Ruiz como una reacción por haber pasado “un mal rato”. La vida no se paga, lo sabemos todos. Pero aún si se paga, vale al menos el ingreso futuro de una persona, más aquello que no se recupera, todo lo cual es estimable.

Sabemos que ambos Mena eran empleados en una bodega. No sabemos cuánto ganaban. Pensemos que eran empleados no manuales de baja calificación en Morelos, con un salario para esta ocupación de 8 mil pesos después de impuestos, 100 mil pesos al año por cada uno.

Pensemos que al hijo le quedaban unos 30 años de vida laboral, lo cual suma 3 millones de pesos. 10 años de vida laboral para el padre suma 1 millón de pesos. Hasta aquí, sólo por sueldos y salarios en vida activa, se alcanza 4 millones de pesos. Pensemos en la mitad de ese dinero por retiro hasta la esperanza de vida de Morelos, cerca de 80 años. Suman otros 3 millones de pesos.

Quedaron varios deudos. El padre tiene una esposa a la cual cuidar. El hijo tiene dos hijos pequeños. Esto también se puede monetizar. Se puede dejar muy barato, quizá en el millón de pesos que el secretario está dispuesto a dar, para una suma de, al menos, 8 millones de pesos.

La obligación del Estado, para eso pagamos impuestos, es ver por los intereses del gran público. No los intereses privados, sino los de todos. Por eso llama la atención que Ruiz haya hecho esa oferta mínima por la vida de dos mexicanos. Pero si algo le pasa al secretario, ya sabemos en cuánto valora una vida.