Y tú...¿de qué estás hecho? (la resiliencia)

No se trata de una condición innata, ya que ésta se conforma y se desarrolla a través de conductas, pensamientos y acciones que bien pueden ser aprendidas o también pueden ser desarrolladas.

Y tú...¿de qué estás hecho? (la resiliencia)

¿Cuántas veces han escuchado decirle a la gente –hombres y mujeres, niños adolescentes y adultos por igual), al momento en el que alguien atraviesa por momentos de adversidad y/o apremio, “ahora sí vamos a ver de qué está hecho este sujeto”? ¿Verdad que muchísimas? Sin embargo, a fuerza de ser sinceros, ¿cuántas veces hemos visto triunfar y/o sucumbir a alguien (incluidos a nosotros mismos) de cierto tipo de situaciones y bien a bien no alcanzamos a explicarnos acertada y atingentemente cómo es que logramos aplicar puntualmente este aforismo utilizado en un sinfín de ocasiones?

De entrada, para entender este tipo de frases primero tenemos que analizar un concepto al que se le ha dado por llamar resiliencia y que no es más la capacidad con la que contamos todos los seres humanos (algunos en menor y otros en mayor medida) para adaptarnos positivamente a las situaciones adversas y que responde conceptualmente, de acuerdo a estudios realizados por investigadores de este Siglo XXI, a tres modelos socioculturales: el de compensación, el de protección y el de desafío, por lo que no se trata de una condición innata, ya que ésta se conforma y se desarrolla a través de conductas, pensamientos y acciones que bien pueden ser aprendidas o también pueden ser desarrolladas.

Ahora bien, los traumas, las tragedias, las amenazas y aquellas fuentes de tensión que enfrentamos a diario en nuestra vida cotidiana (a nivel personal, a nivel laboral, a nivel profesional, a nivel familiar, a nivel emocional, etcétera) siempre nos van a ubicar en posición de rebote o de regreso, o sea que nuestra capacidad de reacción y respuesta serán puestas a pruebas frecuentemente. Y para sortear positivamente estas circunstancias siempre será necesario ejercer una especie de “músculo invisible” en nuestra psique que nos permitirá lidiar positiva y adecuadamente con la realidad y también nos impulsará a diseñar estrategias sobre la marcha para desarrollar determinadas fortalezas y habilidades que nos ubicarán en una posición favorable para salir adelante.

Pero ¿es posible transformarnos en personas resilientes cuando en el pasado inmediato siempre nos caracterizamos por dejarnos derrotar ante cualquier problema o adversidad? La respuesta es un sí contundente. ¡Sí podemos! Y para lograrlo tenemos que sacar lo mejor de nosotros mismos cuando un evento, de cualquier índole, nos afecta emocionalmente en demasía. Debemos ser inteligentes y muy ecuánimes para analizar y diagnosticar estas vivencias que a tantas dificultades nos remiten cada vez que hacen acto de presencia. Y para esto es muy válido acudir al encuentro de nuestros amigos y familiares, incluso solicitar ayuda profesional (un psicólogo, un terapeuta, etcétera), porque a final de cuentas el futuro inmediato requiere de mostremos actitud y fortaleza.

Asimismo, la resiliencia nos conmina a enseñar nuestra flexibilidad y nuestra tolerancia, porque en la medida en que las circunstancias adversas se presentan nos daremos cuenta de que éstas no todo el tiempo son idénticas y eso requiere de nuestro mejor juicio para que ataquemos los problemas y enfrentar las demandas cotidianas de nuestro proceder. Hay que hacer acopio de mucha autoestima, no caer en pánico o en pesimismo y también reconocer nuestros alcances y limitaciones, pues las personas resilientes son autocríticas, creativas, confiadas, asertivas, conscientes, optimistas, desprendidas, tenaces y tienen buen sentido del humor.