Instrucciones para pensar como Delegado

Para ser leídas con: “Don’t Owe You a Thang”, de Gary Clark Jr.

Por Eduardo Navarrete

Paso 1. Desaloje el sentido común

Lo que antes se veía con sorpresa y azoro en las noticias y que sólo sucedía en aisladas comunidades del interior (o en lejanas y misteriosas aldeas del planeta), está siendo rápidamente adoptado por la CDMX como signo solidario del estado degenerativo de una sociedad que ya no sabe cómo definir la ficción. Por ello haga a un lado el sentido común y comenta todos los atropellos que se le ocurran: ¡para eso está el puesto!

Paso 2. Funde su cacicazgo, como si fuera Gobernador

La vida de un funcionario público pierde sentido en este país, cuando se le intenta comparar con la de un emperador. Las cosas están tan de cabeza que quien lleva por nombre "Delegado", como designio de una encomienda en la que se delega responsabilidad, ahora se entiende y se practica como el ser depositario de un poder estúpidamente ilimitado. Incluso, para armar redes delictivas, si con eso le saca suficiente jugo a su puesto. Aproveche cada día de su periodo. Y si puede dejar recomendados y protegidos, tanto mejor.

Paso 3. Acuse y promueva su próxima candidatura

Sea tan amable de ignorar a quien tendría que representar. Cuando uno hace carrera política, sabe que cuando hay que pronunciar un discurso (ni siquiera por usted escrito), se derramarán lágrimas de patriotismo y promesas que ni a un niño castigado se le ocurrirían. Ya en su trono, la historia es diferente: dedíquese a disfrutar y cuelgue pancartas con lo que tendría que ser su trabajo: cambiar banquetas o llevar agua a las colonias. Todo esto con los colores de su partido y su nombre, bien grandote: el ciudadano es tonto y ni por asomo pensará que está operando el inicio de su próxima candidatura a donde sea que brinque. Ahora, si algo se sale de las manos en su imperio y la bancada del partido da la espalda a algún colega, desconózcalo de inmediato. No importa si usted ha robado más que él o si sus negocios son aún más sucios por los de él: muestre ante las cámaras su indignación progresista y exija justicia a toda costa. Cuando salga de ahí, siga operando sus negocios como si nada hubiera pasado. No es de Delegado eso de tentarse el corazón con una conciencia limpia.

Paso 4. Diviértase como nunca

No es sorpresa para nadie que México lleva muchos lustros dentro de un socavón. Lo que sí extraña es que parece que la inmensa mayoría -gobierno y pueblo- está bien con eso. Sólo hasta que el cinismo se extralimita y le roban su celular (eso parece ser peor que si le secuestran un pariente) o se inunda su casa. Entonces sí hay que salir a exigir nuestros derechos. Lo divertido es que uno podría sentarse en familia alrededor de la radio a escuchar las noticias de hoy como si fuera el programa de Orson Welles. Lo no tan divertido es saber que los que se dicen que nos representan y toman decisiones pensando en nosotros se están robando nuestro dinero y nuestro país.

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