¿Estás envejeciendo? ¡Acéptalo!......no es el fin del mundo

En esta vida, decían nuestras abuelas, sólo hay tres cosas: Nacer, morir… ¡y pagar impuestos!

¿Estás envejeciendo? ¡Acéptalo!......no es el fin del mundo

En esta vida, decían nuestras abuelas, sólo hay tres cosas que ninguno de nosotros, hombres y mujeres por igual, podremos evitar: Nacer, morir… ¡y pagar impuestos! Por ello, sumamente importante que desde muy jóvenes tengamos la atingencia y la asertividad para decidir cómo queremos vivir esta emocionante travesía en la que, nos guste o no, irreductiblemente tendremos que pasar por las siguientes etapas: niñez, juventud, adultez y ser ancianos. ¡No hay de otra!

Así las cosas, principalmente los varones, deben ser sumamente inteligentes y sensibles para entender y disfrutar al máximo todas las etapas de su vida, porque de no hacerlo corren el peligroso riesgo que desde muy jóvenes tendrán que lidiar cotidianamente con la frustración y la inconformidad.

Asimismo, conforme transcurren los años es de vital trascendencia que los caballeros aprendan a entender las distintas facetas de su existencia, porque eso es lo que les permitirá desarrollar una especie de sexto sentido para identificar cuál es su momento y cuál es su lugar porque, seamos honestos, no es ningún crimen ser joven e inexperto y, al mismo tiempo, tampoco hay nada reprochable en volverse un viejo lobo de mar con un largo y retorcido colmillo y ya no contar con el ímpetu característico de los llamados años mozos.

Ser joven le permite al hombre contar con toda la energía posible para salir a explorar el mundo y allegarse un sinfín de experiencias que le permitirán, en la edad madura, convertirse en un individuo juicioso y con criterio. Y, al mismo tiempo, cuando el hombre logra ubicarse en el cuarto y quinto pisos (los 40 y 50 años), será poseedor de un peculiar atractivo que lo volverá sumamente interesante para las féminas que buscan como parejas a caballeros estables, solventes y con criterio.

Sin embargo, también es muy importante que los hombres, al llegar a la edad madura, logren entender que sus capacidades físicas (aquí incluyo las sexuales) definitivamente ya no serán las mismas que cuando fueron jóvenes. Orgánica, biológica y metabólicamente está demostrado que a partir de los 35 años, días más-días menos, se presenta un ineludible declive en todo tipo de funciones, lo que suele detonar severos cuadros depresivos entre quienes no logran entender que el curso de la naturaleza no se puede impedir o retrasar.

Y sí, lamentablemente para muchos hombres resulta muy doloroso descubrir que los fines de semana “de reventón” que comenzaban los jueves y terminaban los domingos por las noches no son lo mismo a los 28 años que a los 51, por ejemplo. Las desveladas, las parrandas, las bacanales sexuales y todos esos excesos cometidos durante la juventud y que aparentemente no les pasaban factura, ya en la edad adulta, cuando llegan a presentarse, les causan efectos devastadores en su organismo, tardando varios días en recuperarse de actividades que 20 años atrás ni siquiera les despeinaban los cabellos.

Por eso, es muy importante que, querido lector, tengas la edad que tengas, le des la debida importancia al cuidado de todo tu ser y que, al mismo tiempo, entiendas que no es ningún pecado envejecer y que sentar cabeza no es sinónimo de fracasar, porque definitivamente la clave para una vida plena, de principio a fin, es conocerte a ti mismo y que aceptes que tener 30, 40, 50, 60 más tiene sus ventajas y sus desventajas, por lo que, efectivamente, no es lo mismo Los 3 Mosqueteros… ¡que 20 años después!