Los presos y sus procesos

Una de las luchas centrales en la impartición de justicia es que, además de realizarse el debido proceso, se respeten en todo momento los derechos humanos dentro de estas

Por Vicente Amador

Sobre las prisiones hemos oído de todo. En algunos casos, verdaderas historias de terror. Desde aquellos calabozos ancestrales que estaban infestados de animales para generar miedo y terror psicológico, a aquellas con trabajos forzosos, otras donde había penas coporales —latigazos, por ejemplo— hasta algunas más recientes que conocemos en países como Noruega donde los internos pueden esquiar, jugar tenis y hasta cuentan con playa privada.

Por la reciente Encuesta Nacional de Población Privada de la Libertad (la ENPOL del INEGI) sabemos que, a octubre de 2016, se estimaron 211 mil personas en los Centros Penitenciarios. Es decir, 173 personas privadas de la libertad por cada 100 mil habitantes. De ellas, 5% fueron mujeres.

Una de las luchas centrales en la impartición de justicia es que, además de realizarse el debido proceso, se respeten en todo momento los derechos humanos. Por ejemplo, que no haya maltratos físicos ni psicológicos durante el arresto ni durante el tiempo que las personas permanecen en las penitenciarias. En este sentido, es llamativa la información reportada.

Tres de cada cuatro personas privadas de la libertad sufrieron algún tipo de violencia psicológica al momento de su arresto; más de la mitad fue incomunicada o aislada, también más de la mitad fue amenazada con levantarle cargos falsos por parte de la autoridad que realizó el arresto. Casi la mitad, fue desvestida. Cuatro de cada diez, atados. Y a uno de cada tres les impidieron respirar.

Y siguen los datos: casi el 64% de la población privada de la libertad en 2016 sufrió algún tipo de agresión física al momento de su detención. De ella, casi el 60% recibió patadas o puñetazos por parte de la autoridad que la arrestó y 39% recibió golpes con algún objeto. También los hay quienes han recibido descargas eléctricas, quemaduras y hasta violaciones sexuales.

Desafortunadamente, no es la primera vez que escuchamos que esto sucede. Muchas veces nos llegan historias que nos quedan como anécdotas tenebrosas. Y ahora también la estadística nos muestra un escenario áspero.

Ser respetuosos con la dignidad humana es una obligación. Así debemos actuar con nuestros semejantes. Pero además, con tratos como los que mencionamos, nos perdemos la oportunidad de mostrar a las personas que cometieron algún delito que actuar adecuadamente, siguiendo las reglas y las leyes, es posible y vale la pena.

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