Cuando ganas perdiendo

Las relaciones de pareja siempre vienen acompañadas de un sinfín de circunstancias, positivas y negativas, las cuales al momento que se presentan ponen a prueba nuestro carácter

Por Yazmín Alessandrini

Las relaciones de pareja (los noviazgos y los matrimonios) siempre vienen acompañadas de un sinfín de circunstancias, positivas y negativas, las cuales al momento que se presentan ponen a prueba nuestro carácter y en la medida en que vamos enfrentándolas nos ubican en una posición en la que fácilmente podemos diagnosticar si hemos aprendido de éstas para mejorar nuestro status como personas.

Sin embargo, en muchas ocasiones hombres y mujeres por igual, ya sea por inmadurez, egoísmo o mera ignorancia, son incapaces de aceptar que está inmersos en una relación tóxica que a diario les ofrece múltiples problemas y muy pocos beneficios. Y pese a eso, de manera inexplicable, se aferran tanto a esa dinámica emocional dañina porque no logran darse cuenta que, como en las arenas movedizas, mientras más intentan moverse hacia delante lo único que consiguen es hundirse irremediablemente.

Ahora bien, en ocasiones hay que considerar que muchas personas se aferran a relaciones tóxicas porque al mismo tiempo que están paralizadas no están del todo conscientes de que esa persona que consideran su media naranja lo único que les aporta a su vida son dolores de cabeza y conflictos de toda índole, lo cual se deriva definitivamente porque lo que existe en este vínculo emocional no es amor, sino una terrible dependencia ocasionada por una baja autoestima de quien vive bajo la filosofía de “más vale mal@ conocid@ que buen@ por conocer” y que ignora que para tener una vida plena el primer ingrediente del que se requiere echar mano es del equilibrio.

La dependencia emocional tarde o temprano se transforma en una situación asfixiante que lo primero que provoca es la anulación de la libertad interior y esto, obviamente, sólo se puede contrarrestar con la inteligencia emocional y ésta se adquiere y se desarrolla únicamente tomando el control de nuestro mundo y nuestra existencia, animándonos a conocernos y a amarnos a nosotros mismos más allá de nuestras falencias (¡que por supuesto las tenemos!); pero también es importantísimo que bajo ninguna circunstancia intentemos fusionarnos con la persona a la que elegimos como nuestra pareja, porque cuando perdemos nuestra individualidad es muy fácil instalarnos en la infelicidad y en la frustración.

Por lo tanto, intenta antes que nada no desvalorizarte y despréndete de todo aquello que te allega más perjuicios que beneficios, así se trate de el amor de tu vida. Porque si lo ves de la manera más fría posible, la persona más importante de tu existencia eres tú mismo. ¡Punto!

Así que no te ciegues y primero reconoce que tienes un problema (o, quizá, varios) y haz caso a todas las señales de alarma que se te presenten en el camino, no te autoengañes; enseguida, haz una lista de todas esas cosas que te perjudican y que haces obligado por amor o por cariño y que ya no quieres hacer, aunque a causa de ello provoques regaños o enojos. Y, finalmente, para asimilar adecuadamente la lección, anímate a pasar un tiempo solo y descubre lo agradable que puede llegar a ser que pases tiempo contigo mismo, porque así empezarás a conocerte y también a darte cuenta que en esta vida también cuando perdemos se puede ganar algo.

Y no olviden que todos los jueves y sábados a la medianoche los espero su programa favorito “Exclusivo Para Hombres”, que se transmite por Telefórmula (chequen programación y nomenclatura de su respectiva compañía de cable).

 

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