¿Qué piensan los mexicanos sobre el aborto?

Cuando los legisladores no conocen el tema lo conveniente es consultar a los especialistas, a los profesionales.; sin embargo, para que esta asesoría funcione, debe venir de “personas humanamente rectas y valientes"

Por Vicente Amador

ace diez años la Ciudad de México aprobó la despenalización del aborto. Especialmente algunos meses antes de esta decisión, hubo importantes diálogos al respecto. Después de escuchar opiniones de sesudos especialistas reflexionando sobre la interrupción voluntaria del embarazo, recuerdo haber pensando que, con frecuencia, muchos legisladores deciden sobre temas que desconocen —con todo y lo trascendentales que son para el país.

Kim Jong-Un y Donald Trump son un ejemplo de lo que digo. ¿Tendrán estos “niñatos ricos, estrafalarios, megalómanos, adictos a los videojuegos y la telebasura” la capacidad para decidir con prudencia sobre la paz de sus naciones y, consecuentemente, la vida de millones de personas? (Aunque me hubiera gustado ser el autor intelectual, lo calificativos son del lúcido Paco Calderón).

Cuando los legisladores no conocen el tema, lo conveniente es consultar a los especialistas, a los profesionales. Sin embargo, para que esta asesoría funcione, debe venir de “personas humanamente rectas y valientes, conocedoras de la verdad, y capaces de manifestarla con independencia de factores sociales y políticos”, recomendaba Artistóteles.

No es fácil conseguir esa recta asesoría, porque muchas veces los intelectuales traen agenda, sus presupuestos se pueden afectar si opinan contra el poder en turno. Los dados están cargados pues, y no siempre expresan lo que la ciencia obliga sino las opiniones políticamente correctas. “Ahí está el detalle”, diría Cantinflas.

Con referencia al aborto, la agrupación Concertación se encuentra impulsando una campaña para aprovechar las elecciones de junio de 2018 y, en este marco, preguntar a los ciudadanos si “¿es obligación del Estado Mexicano proteger el derecho a la vida desde la concepción como un derecho fundamental?”.

De efectuarse la consulta nacional —la cual pasará por trámites que van desde la Cámara de Diputados, el Instituto Nacional Electoral y la Suprema Corte de Justicia de la Nación—, el resultado no podría ser rebatido porque sería tomada como una decisión de la ciudadanía.

Sinceramente, pienso que estos temas deberían decidirlos los especialistas. Hay temas cuya respuesta no depende del número de “likes”.

Sin embargo, poniendo los pies en la tierra, también sabemos que resulta profundamente complicado ponerse de acuerdo en temas tan controversiales. Sucede así porque, además de la influencia ideológica, se debaten ideas que entrañan importantes valores: unos apuestan por el derecho a decidir, lo cual debe prevalecer. Otros por el derecho a la vida, que también debe mantenerse. Igual hay quien habla sobre el “ser persona humana” desde el momento de la concepción, lo cual es difícil de probar, y no por ello falso.

En este escenario, y siendo un tema tan relevante, una consulta popular tiene la ventaja de, al menos, escuchar lo que piensan la mayoría de los mexicanos. No todo es materia de consulta pública, pero si juntan los dos millones de firmas, el proyecto luce interesante.

Además, tal vez Maquiavelo tenía razón y la opinión pública es capaz de pronosticar los acontecimientos de una manera tan acertada, que se diría que el pueblo está dotado de la facultad oculta de prever lo conveniente.

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