¿El nombre del auto es importante?

Por Guillermo Lira

El nombre nos define y constituye una riqueza personal pero… ¿francamente a nosotros como consumidores nos importa cómo se llama nuestro vehículo? Desde el punto de vista racional no debería, y en la mayoría de los casos es así. Pero desde el plano emocional sí importa, pues es su carta de presentación. Piense en: Jetta, Mustang o Chevy.

Sin embargo, cuando el producto por innovación, calidad y vanguardia supera todas las expectativas, el nombre es lo de menos. Por otro lado, un nombre puede determinar la atracción de los reflectores y seguidores al producto. Lo cual es muy positivo en términos de visibilidad de marca.

El problema es que hoy en día los segmentos son muy diferentes y los autos también. La industria ha cambiado dramáticamente en los últimos 20 años, por lo que revivir un producto requiere más que reincorporar el nombre. Esta semana conocimos el nuevo Cavalier, un nombre que reviven con un producto asiático que busca mercado en el segmento de los sedanes familiares para Chevrolet.

Quizá la conclusión es que el nombre no hace el producto, ni su apellido; ni el producto vive sólo del nombre. Se debe tener una congruencia con la temporalidad, el mercado y la estrategia correcta en el momento adecuado para acercarse al éxito. ¿Me importa cómo se llama? Mientras no sea un nombre feo, no. Mientras sea un nombre reconocible y racional, sí. Tal como sucede en las nomenclaturas de las armadoras alemanas.

Bienvenidos los grandes productos y sus nombres… Siempre y cuando cumpla el propósito de ser un buen producto. ¿Les gustan los nombres de autos del siglo pasado? ¿Cuál revivirías? Escríbeme @MemoLiraP

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