La impunidad transexenal

Raúl Cervantes podría pasar a la historia como el procurador General de la República más gris del sexenio de esta administración

La impunidad transexenal

Raúl Cervantes podría pasar a la historia como el procurador General de la República más gris del sexenio de esta administración , y probablemente de los últimos sexenios, pero se aferra a ser recordado como el fiscal de la impunidad transexenal.

Sus ambiciones rayan en lo absurdo. Quiso ser ministro, pero no le alcanzó ni su capital político ni el apoyo de su partido, el PRI. Ahora apunta a la Fiscalía General, un cargo que le permitirá “blindar” a su Jefe y compañeros de partido en caso de que sean investigados por actos de corrupción o por otros delitos cometidos en su función pública.

Y ante la latente posibilidad de que pierdan la elección presidencial del próximo año, el PRI-Gobierno no está dispuesto a arriesgarse a ser sometidos a una investigación. Quieren la impunidad a cualquier precio.

En el PAN, y creo que en ningún otro partido de oposición salvo sus comparsas del PVEM y el Panal, no están dispuestos a que esto ocurra. La prioridad de Acción Nacional, de Ricardo Anaya, más que pensar en el 2018, es impedir que Cervantes sea el fiscal general, en automático.

Durante las plenarias de los legisladores del partido, la petición fue directa y tajante: Los panistas votarán en contra del “plan de impunidad transexenal” que impulsa el PRI-Gobierno.

“No vamos a permitir que se consume su plan de impunidad transexenal, no vamos a permitir que pongan un fiscal a modo que les cuide sus transas durante los próximos 9 años”, advirtió en un claro mensaje al jefe del Ejecutivo, gobernadores y funcionarios en funciones salpicados por actos de corrupción, que es el sello de este sexenio.

Y ante amagos de algunos legisladores de traicionar al partido, serán ellos y exclusivamente ellos quienes carguen con el costo político de permitir que el #fiscalcarnal amigo del Presidente se mantenga como Fiscal General, a pesar de la presión de la sociedad, intelectuales, activistas, organizaciones de la sociedad civil que exigen un fiscal independiente.

Curiosamente, todo este proceso del Fiscal General huele a corrupción. El año pasado, ante la presión social el jefe del ejecutivo envió al Congreso de la Unión una iniciativa para quitar el pase automático; sin embargo, 10 meses después resulta que es el PRI el único partido que no la aprueba. Qué curiosos son estos priistas que simulan una rebelión en contra de su jefe supremo, pero que en el momento en que lo ven buscan saludarlo y hasta tomarse la selfie del recuerdo.

Apenas el martes, cientos de organizaciones convocadas por los colectivos #VamosPorMás y #FiscalíaQueSirva se pronunciaron para que se reforme el modelo de Fiscalía General de la República (FGR), un tema que, dijeron, es toral dadas las condiciones de impunidad que se viven en el país.

En concreto proponen tres características para esta figura, que se supone remplazará a la Procuraduría General de la República: autonomía, capacidad para lograr resultados e independencia.

Y esto es precisamente lo que busca Ricardo Anaya y el PAN, pero no lo ve el PRI-Gobierno.

¿A qué le temen? Pues a más Duartes, Borges en la cárcel o prófugos. A eso le temen, pero ahora podrían sumarse Lozoyas o Ruiz Esparzas.

El PRI no tiene remedio y su ambición lo pagará con creces en los siguientes años, porque esto no solo puede sancionarse con el voto de castigo el próximo año, que seguramente se dará, sino con el estigma de la administración de la corrupción y el sexenio del fiscal de la impunidad transexenal.