Enfrentando la desgracia

Para poder enfrentar la desgracia y poder salir librados de ella lo primero que requerimos entender es que “las cosas malas no sólo le ocurren a las personas malas”.

Enfrentando la desgracia

La vida de los seres humanos, hombres y mujeres por igual, se va conformando por la acumulación de todo tipo de vivencias, buenas y malas. Y es, a través de éstas (las vivencias) que las personas van perfilando su carácter y su personalidad, por lo que cuando se presentan situaciones adversas es gracias a este binomio que logran sobreponerse o hundirse en la depresión.

Si nos apegamos única y exclusivamente al terreno de las definiciones entendamos la adversidad como una especie de suerte a la inversa y es justo cuando nos encontramos de frente con ésta cuando descubrimos realmente nuestro temple. Por lo tanto, cuando los seres humanos nos enfrentamos a la desgracia estamos plantándole la cara a una especie de adversidad magnificada cuya naturaleza provoca que sintamos una tristeza y un sufrimiento profundos.

No se necesita investigar mucho para descubrir que las desgracias más grandes a las que se puede enfrentar un ser humano es a la muerte de los seres humanos o ver que éstos pasen por algún padecimiento o enfermedad sumamente dolorosos. Así las cosas, todos en alguna etapa de nuestra vida, lamentablemente, nos tendremos que enfrentar a la desgracia, ya sea directa o indirectamente, porque también cuando vemos sufrir a las personas amadas la empatía nos vincula más con ellas y sentimos y vivimos esa desgracia como propia.

Para poder enfrentar la desgracia y poder salir librados de ella lo primero que requerimos entender es que “las cosas malas no sólo le ocurren a las personas malas”. Y es que muchas veces en nuestro devenir cotidiano vamos desarrollando concepciones parcialmente erróneas, principalmente aquellas que tienen relación directa con el bien y el mal, conceptos que todos sabemos son enteramente ambiguos y subjetivos. Por lo tanto, es de vital relevancia que podamos ir caminando en nuestro día a día totalmente conscientes de que en algún punto de nuestras vidas vamos a tener momentos de verdadera oscuridad en los que será necesario echar mano de toda nuestra resiliencia, pero también de nuestra paciencia y serenidad.

Obviamente, negar el entorno y cegarnos a la realidad no harán que la desgracia desaparezca y que nuestro dolor y sufrimiento se disipen. Nada de eso. Tampoco ayuda en nada que nos aislemos de todo el mundo y que posterguemos indefinidamente todas aquellas actividades que nos permiten estar ocupados en cuerpo y en mente; incluso si consideras que emocionalmente te sientes sumamente vulnerable en una situación de esta envergadura es muy válido que te acerques a alguien que te pueda brindar ayuda profesional porque, repito, lidiar con la desgracia es sumamente complejo y no todos contamos con la fortaleza suficiente para salir bien librados de ella. Definitivamente.

Otra cosa: Si tú no estás lidiando con la desgracia pero alguien muy cercano a ti sí lo está haciendo, es muy loable de tu parte que te quieras acercar a esa persona para brindarle tu apoyo escuchándola, acompañándola, guiándola. Sin embargo, tienes que ser muy respetuoso de los límites y de los espacios que necesita una persona que está atravesando por un momento así, por lo que debes ser prudente, comprensivo y nada invasivo, porque incluso cuando alguien está pasando por un trance tan terrible es capaz de emitir las señales suficientes para hacerte saber que puedes acercarte y que es seguro (para ambos) hacerlo.

Y no olviden que todos los jueves y sábados a la medianoche los espero su programa favorito “Exclusivo Para Hombres”, que se transmite por Telefórmula (chequen programación y nomenclatura de su respectiva compañía de cable).