¿Realmente un candidato independiente puede ganar la elección presidencial en 2018?

De acuerdo a datos de GEA ISA, para el 2018 un candidato independiente "con buena popularidad" podría ganar la Presidencia de la República y obtener hasta un 43 por ciento de los votos,

¿Realmente un candidato independiente puede ganar la elección presidencial en 2018?

Los candidatos independientes son una figura que surge de la demanda ciudadana de mayores espacios de representación y de opciones distintas a las ofrecidas por los partidos políticos. Son un avance en nuestra democracia. Sin embargo, un mecanismo pensado como una plataforma de mayor participación aparece ahora como una válvula de escape social ante la crisis de legitimidad por la que atraviesan los partidos.

En la experiencia latinoamericana, las elecciones presidenciales ganadas por perfiles independientes terminan con la fundación de movimientos políticos como sucedió con Rafael Correa en Ecuador que fundó Alianza País, Hugo Chávez en Venezuela con el Partido Socialista Unido de Venezuela y Álvaro Uribe en Colombia con el Partido Primero Colombia. Habría que tomarlo en cuenta.

En México, las candidaturas independientes tienen su fundamento en el artículo 35 constitucional que reconoce al derecho a todo ciudadano de “votar y ser votado” pero fue con la Reforma Política que impulsamos en 2014 que se plantea un procedimiento para que los ciudadanos puedan postularse fuera de los partidos políticos. Hasta aquí, la historia era muy positiva pero no estuvo libre de claroscuros, uno de los principales retos fue que se fijaron requisitos demasiado exigentes para registrar una candidatura, como es el hecho de recabar más de 866,593 firmas de 17 entidades distintas.

En 2015, Nuevo León se convirtió en el primer estado de la federación en elegir a un gobernador independiente; otros candidatos como Manuel Clouthier Carrillo fue electo como diputado federal, César Valdés como Alcalde de García en Nuevo León, Pedro Kumamoto como diputado local en Jalisco, entre otros.

Pero no todos los casos han sido experiencias exitosas, en las elecciones a candidatos independientes para la Asamblea Constituyente de la Ciudad de México no se tuvo la misma suerte pues aunque 21 perfiles cumplieron entregando al INE las casi 74 mil firmas de apoyo, los votos que obtuvieron fueron muy inferiores. En total, entregaron 2 millones 366 mil 152 firmas entre todos pero apenas obtuvieron 175 mil 811 votos en conjunto. Sólo un candidato independiente alcanzó un asiento en la Constituyente.

De cara a las elecciones de 2018, diversos personajes han optado por las candidaturas independientes para contender por un cargo público: en total son cuarenta los candidatos presidenciales, 183 aspirantes a la Cámara de Diputados y 31 al Senado de la República.

La respuesta ha sido muy superior a las expectativas, esto debe dejarnos a los políticos dos mensajes muy claro: Por un lado, que hay liderazgos sociales que no han encontrado cabida dentro de los partidos para desarrollar una carrera política, lo cual es una falla en la vida partidista porque simplemente parece frustrada la misión de los partidos de ser canales para la postulación de ciudadanos a los cuales se les respalda con la plataforma y reputación del partido; y por otro lado, que los ciudadanos están lejos de encontrarse satisfechos por el sistema de partidos. Un sistema que funciona muy bien para la gestión de los intereses de la cúpula de los partidos, pero muy mal para responder eficientemente a las exigencias de los electores.

De acuerdo a datos de GEA ISA, para el 2018 un candidato independiente "con buena popularidad" podría ganar la Presidencia de la República y obtener hasta un 43 por ciento de los votos, es decir, con un porcentaje comparable a la elección presidencial del año 2000.

El escenario rumbo a la elección presidencial es muy particular: un PRI desgastado por su corrupción e ineficiencia; MORENA que representa una oposición conservadora que se vende como “antisistema” pero cuyos miembros fueron forjados dentro del sistema autoritario priísta y que no ha sabido resolver los señalamientos de los casos Abarca, Eva Cadena, Rigoberto Salgado y recientemente el “dedazo” para favorecer a la candidata de López Obrador; y un Frente Ciudadano por México que no se ha consolidado por su falta de transparencia en los métodos de selección de candidatos. En un panorama como este, no sólo es propicio sino urgente una reforma que incluya la segunda vuelta en la elección presidencial ante la fragmentación del voto, porque como nunca antes los electores tendrán opciones pero lo que no debe ocurrir es que la o el ganador lo haga con un margen de voto pequeño que lo convierta en un presidente débil. Esta propuesta la presenté hace unos meses en el Congreso y parece que deliberadamente el PRI no tiene la menor intención de aprobarla porque le restaría posibilidades de alcanzar la presidencia en el futuro.

Como vemos, bien podría un perfil independiente bien posicionado y con propuestas concretas y viables, captar el voto de buena parte de los mexicanos. El reto de los partidos es: sacudirse la apatía y arropar de una vez por todas las demandas de los mexicanos. No es cosa menor, la democracia descansa necesariamente en un sistema de partidos sólido, porque también existe un riesgo en las candidaturas independientes, el hecho de no poder premiar o castigar su desempeño en futuros procesos electorales, ni tampoco contar con información sobre su reputación en el ejercicio del poder. Cualquiera que sea el escenario, las candidaturas independientes llegaron para quedarse y pueden convertirse en ese “coscorrón” que necesitan los partidos para enmendar el camino.