La inseguridad cambia nuestra manera de vivir

Salimos con miedo a las calles o mejor no salimos, no usamos reloj o joyas, evitamos caminar de noche, no permitimos que los niños salgan a la calle a jugar, nos hemos acostumbrado a vivir con miedo y eso no es normal

La inseguridad cambia nuestra manera de vivir

La inseguridad en nuestro país ha afectado de manera sustancial nuestra manera de vivir. Salimos con miedo a las calles o mejor no salimos, no usamos reloj o joyas, evitamos caminar de noche, no permitimos que los niños salgan a la calle a jugar, nos hemos acostumbrado a vivir con miedo y eso no es normal.

El Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) presentó en días pasados la séptima edición de la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción de la Seguridad Pública (ENVIPE) 2017, los datos son alarmantes y reveladores.

El estudio nos arroja que el 72.9% de la gente ha dejado de usar joyas por miedo a ser asaltado, el 78.1% ha prohibido a sus hijos salir por temor a que les pase algo, el 59% ha dejado de salir de noche y el 33.5% dejó de salir a caminar. Es decir, nos encontramos en una situación tan dramática que 3 de cada 10 personas prefieren no salir a caminar si quiera.

La encuesta permite medir delitos que afectan de manera directa a las personas y a los hogares como robo de vehículo total o parcial; robo en casa; robo o asalto en calle o transporte público; fraude; extorsión; secuestros y delitos sexuales, entre otros. Delitos como narcotráfico o delincuencia organizada no se miden en una encuesta de victimización. Es decir, nos presenta un panorama sobre los delitos a los que desafortunadamente nos enfrentamos de manera cotidiana todos los días.

Vivimos afectados por la posibilidad de sufrir algún ilicito. El miedo constante en el que nos encontramos nos afecta emocionalmente, permanecemos en un constante estado de alerta y de tensión. Tenemos afectaciones psicológicas que requieren ayuda profesional.

El estado está obligado a garantizar la seguridad, el problema de la inseguridad ha rebasado a las autoridades de todos los niveles. Los ciudadanos estamos expuestos de manera constante y no creemos en las autoridades ni en la procuración de justicia. Por lo tanto, no denunciamos.

Según la encuesta, los principales motivos para no denunciar son atribuibles a la autoridad, pues el 33.1% consideran la denuncia como pérdida de tiempo y la desconfianza en la autoridad es de un 16.5%. Este dato nos muestra un panorama desalentador, no sólo no confiamos en la autoridad, sino que asumimos que no hará su trabajo.

Otro dato alarmante es que se estima que en 2016 se denunció el 9.7% del total de los delitos, de esos el Ministerio Público inició Averiguación Previa en 65.2%. Esto quiere decir que en el 2016 se inició averiguación previa en el 6.4% del total de los delitos. Lo anterior, representa un 93.6% de delitos donde no hubo denuncia o no se inició averiguación previa. El hecho de no confiar en las autoridades hace que exista impunidad, casi total, respecto a la justicia sobre el delito, pues 93 de cada 100 ni si quiera se investigan.

La delincuencia nos cuesta como sociedad, no sólo al estado para enfrentarla, sino también a nosotros los ciudadanos al ser víctimas. El costo nacional estimado a consecuencia de la inseguridad y el delito en el año anterior fue de 229.1 mil millones de pesos (1.1% del PIB).

Las autoridades tienen un reto enorme frente a la delincuencia, los ciudadanos exigimos poder salir tranquilos a las calles y no vivir con el temor eterno de sufrir un ilícito. Las campañas electorales prometerán el combate a la delincuencia, tenemos que estar atentos a qué nos ofrecen los políticos. No merecemos vivir con miedo, no es vida acostumbrarse a ello.

Últimas palabras.
No tenemos Procurador General, ni Fiscal Anticorrupción, ni Fiscal Electoral. Vemos cuánto le interesa al Gobierno Federal la procuración de justicia.