Instrucciones para leer estas instrucciones

Instrucciones para leer estas instrucciones

Para ser leídas con: “Life in Mono”, de Mono

Paso 1. Haga menos caso a las letras chiquitas

Los que no sabemos leer instructivos somos expertos reparadores. Quien tenga el tiempo para leer un instructivo, que ponga cara de “muy interesante todo” y se dedique a eso, en lugar de usar lo que compró. Véalo fríamente: ¿Cómo son los instructivos de los videojuegos o de los devices hoy? Si por alguna razón sigue empeñado en creer que no vivimos en otra era diferente a la de hace 20 años, evite que le suba el azúcar y piense que todo esto es ciencia ficción.

Paso 2. Haga más caso a las letras propias

Pero, atención. No por el hecho de que los objetos de uso moderno sean autocomplacientes y prácticamente se explique su uso de una manera primaria, habremos de minimizar el valor de lo que un manual de instrucciones puede hacer por la humanidad.

Paso 3. Busque sus propias instrucciones.

Rompa el mundo, al fin que sobran instrucciones para componerlo. Véalo de esta forma: ¿Tiene claro qué hacer con usted mismo? Es decir, ¿Sabe desde que se estrenó en esta plataforma vital, de qué trata su vida? ¿Traía un manual de instrucciones adherido a la pierna o al cuello? Por alguna razón, el desafío más importante al que uno puede verse expuesto es, precisamente, a descifrar este reto y saber cuáles son sus instrucciones.

Paso 4. Maldiga las instrucciones

Para leer un manual en el que se le guía de manera previsiblemente desesperante, uno debe evitar cualquier posible fuente de distracción. Su mente pedirá que aparezca lo que sea, con tal de malviajar un rato merecido y retirarse de algo que por obvio, parece estúpido. ¿Quién necesita unas instrucciones para tener la mejor opinión hasta de lo que no (se) conoce?

Paso 5. Bendiga sus instrucciones

Quien no acepta que se equivoca nada puede enseñar. Pero vivir y pretender son cada vez más parecidos. Tal vez por eso la vida se entiende menos cuando todo mundo y al mismo tiempo, trata de explicársela. Mejor hágase las preguntas necesarias, vea que con tres instrucciones tiene para transitar su ruta (todo está cambiando, aunque no se percate de ello, todo responde a la ley causa-efecto, nada tiene identidad propia, ni siquiera usted) y si tiene buen gusto, evite cualquier ansia de protagonismo. La realidad nunca se parece a la realidad que le cuentan, por si dudaba de usar su propio instructivo.