¿México está listo para recibir a los dreamers si no se resuelve su permanencia en EU?

Estados Unidos ha buscado distinguirse mundialmente como una “tierra de oportunidades”, esto no pasó inadvertido para nuestros connacionles y para los vecinos de Centro y Sudamérica

¿México está listo para recibir a los dreamers si no se resuelve su permanencia en EU?

Históricamente la presencia de los mexicanos en Estados Unidos ha sido importante. Baste recordar la anexión de California y otros territorios que pertenecían a nuestro país y que pasaron a formar parte de la federación estadounidense tras la firma del Tratado Guadalupe Hidalgo en 1948, la población que tenían esos territorios aunque escasa permaneció en ellos.

Estados Unidos ha buscado distinguirse mundialmente como una “tierra de oportunidades”, esto no pasó inadvertido para nuestros connacionles y para los vecinos de Centro y Sudamérica. Desde finales del Siglo XIX, se sabe que empresarios norteamericanos viajaban a nuestro país para reclutar a trabajadores para el área ferrocarrilera e industrial; en 1909, los mexicanos representaban el 10 por ciento de la fuerza laboral de los estados del sureste.

Coyunturas como la Revolución Mexicana, la Primera Guerra Mundial y la Guerra Cristera, llevaron a miles de mexicanos a cruzar la frontera con Estados Unidos e instalarse en ese territorio. Para la década de los setenta del Siglo XX, la migración a Estados Unidos era un fenómeno en cierta medida común en las familias mexicanas, sobre todo, en las zonas rurales del norte y occidente del país. Todos estos movimientos migratorios fortalecieron las raíces mexicanas en Estados Unidos y la migración indocumentada se volvió parte del día a día; se calcula que hay 1.7 millones de niños nacidos de padres indocumentados que sólo han conocido a Estados Unidos como su país de nacimiento y de desarrollo.

Los “dreamers” son aquellos niños que de pequeños fueron llevados a Estados Unidos por sus padres de forma indocumentada, han vivido toda su vida en aquel país, han estudiado y trabajado, hablan su idioma y en la mayoría de los casos, se identifican más como estadounidenses que como mexicanos; se estima que hay 622 mil dreamers de origen mexicano amparados por el programa DACA que les permite estudiar y trabajar libremente en territorio estadounidense. Las políticas xenófobas de la administración de Trump, han llevado a la cancelación del Programa DACA, dando al Congreso estadounidense la responsabilidad de buscar una legislación que supla dicho programa; esto pone en peligro a cerca de 800 mil jóvenes indocumentados de diversas nacionalidades. Con la posible deportación de los “dreamers” mexicanos, nuestro país enfrentaría un desafío y, al mismo tiempo, una oportunidad. La oportunidad de aprovechar a toda una generación de jóvenes emigrantes mexicanos bien capacitados, pero el desafío de lograr integrarlos a una sociedad que ellos desconocen a pesar de tener origen mexicano.

No es una realidad que se desconozca por completo, México ha tenido que resolver el fenómeno de deportaciones de manera masiva, por ejemplo, en 2016 se recibieron 290 mil personas, la cifra más alta de los últimos años; si bien el gobierno mexicano se ha hecho responsable del compromiso moral de recibir a los mexicanos deportados, aún hacen falta programas que sean exitosos e incidan positivamente en aquellos que dejaron su medio de sustento, su patrimonio e incluso a parte de sus familias en la Unión Americana.

Los “dreamers” representan la generación más preparada de la historia en México, ya que el 98% de ellos es bilingüe, el 70% tiene estudios superiores, el 16% compró una casa y el 91% tiene un trabajo fijo en empresas como Google, Apple o Facebook. Como lo dije, el problema es que la mayoría de ellos son ajenos a la realidad de México, ya que afiliarse al seguro popular y registrarse a la bolsa de trabajo del gobierno federal no les resuelve sus problemas, por ello la sociedad civil plantea que se necesita una iniciativa ciudadana que trabaje para la integración de los deportados, una política integral que sea incluyente dentro del mercado laboral, aprovechando las capacidades de cada uno y los haga sentir parte de nuestro país.

La exigencia que hemos hecho desde el Senado es que la red consular ejecute una estrategia de protección y de información eficaz a su favor, que se logren acuerdos con las “ciudades santuario” para evitar en la medida de las posibilidades que sean deportados y que en caso de serlo México no les resulte un país ajeno o insensible, sino uno de puertas y brazos abiertos. Estos jóvenes pueden contribuir y enriquecer todas las áreas tanto laborales, académicas y de desarrollo de nuestro país, pero debemos estar listos para cumplir con sus expectativas. Un escenario ganar-ganar estará centrado en el bienestar de los “dreamers” apoyándolos en su desarrollo y potencial, pero también en lograr sinergias con nuestras comunidades. El potencial mexicano debe ser capaz de superar cualquier frontera.