Los jóvenes, a quienes los partidos no representan

“La clase política nos ha quedado a deber y no nos representa”, dijo un joven participante de los foros organizados por el Frente Ciudadano por México

Los jóvenes, a quienes los partidos no representan

“La clase política nos ha quedado a deber y no nos representa”, dijo un joven participante de los foros organizados por el Frente Ciudadano por México. Entre aplausos, estos muchachos también fueron contundentes al manifestar su hartazgo por "políticos haciendo política vieja".

Mientras los escuchaba, con las cejas levantadas, fue difícil no pensar cuánta razón (y emotividad, sin duda) hay en su sentencias. Más bien, ¡que ingenuidad o qué poco interés de quienes piensan que pueden abanderar —con las prácticas de siempre— los ideales de esta generación!

¿En qué se parecen los jóvenes tecnológicos, digitales, de gran conciencia crítica, interesados en romper moldes, en personalizar su mundo, exigentes, unidos por redes sociales, multitask, autónomos, ilusionados… a los prehistóricos reptiles de la política?
Aunque la imagen es lo de menos porque muchos políticos saben camuflarse, en mi imaginación apareció aquella caricatura de Rius en “Los agachados”: panzón, de bigotito, lentes y traje oscuros, relamido, con botas, rodeado de guardaespaldas.

¿Por qué habría de sentirse representado un joven que advierte un país con una mayoría de ciudadanos en la pobreza? Un México identificado mundialmente por altos niveles de corrupción; con cientos de miles de analfabetos; donde el promedio solo llega hasta los primeros años de la preparatoria; donde el nivel de violencia es tal, que las agresiones son la principal causa de muerte en los jóvenes varones. ¿Cómo se les ocurre?

¿Por qué identificarse con la política que incubó a la generación más corrupta de gobernadores? Me parece imposible sentirse convocado cuando se percibe un estado de derecho fracturado, al servicio de quien puede pagarlo.
¿Por qué habría de sentirse abanderado por la clase política un país con millones de jóvenes que no encuentran trabajo, en el que la mayoría se encuentra en el sector informal? ¡Y de lo que tienen trabajo, y están en un régimen formal, el 70% no gana más de 6 mil pesos al mes!

En cambio, sí entiendo el interés electoral: la población en México continúa siendo predominantemente joven, casi 31 millones, un cuarto de los mexicanos, tienen entre 15 y 29 años. ¡Es El botín! Además, los eventos con jóvenes siempre son “políticamente correctos”.

Por ello, nada extraña el descontento ciudadano, tan palpable también a través de las redes sociales. ¡Qué hartazgo se advierte en cada tuit, en cada meme, en tantos post´s y blog´s a través de los cuales millones de jóvenes se expresan!

Los jóvenes a quienes escuché el lunes pasado, frente a los presidentes nacionales del PAN, PRD y MC, dijeron que no adornarían más los eventos políticos que fueran espacios para “bailarle y cantarle” a los candidatos.

Ojalá así sea. No solo eso. Independientemente del color partidario, ojalá sus ideas sean realmente incluidas pues, de no ser así, ni los institutos políticos ganarán la legitimidad que requieren, ni la política se revaluará, ni las reformas necesarias en el país tendrán el soporte suficiente ni incluirán esta visión fresca e insustituible de la realidad. En otras palabras, el país no será lo que queremos.