Instrucciones para transportarse al presente

Para ser leídas con: “Cementerio Club”, de Pescado Rabioso

Instrucciones para transportarse al presente

Paso 1. Voltee a ver sus manos y pregunte quién tiene el control

Vivimos diariamente, como si supiéramos que lo hacemos, pero estamos dominados por una inercia que ni por asomo intuimos. No hay idea somera acerca de cómo relacionarnos con algo que parece construido, sólido y hasta institucional: el tiempo. Siga interpretando como permanente lo que por naturaleza es impermanente y odiará su condición actual, llorará por el pasado y rogará porque el futuro llegue como se lo cuentan en la tele.

Paso 2. Sea consecuente con las cosas

Permita que el ajuste de cuentas de los años sea algo acorde con la realidad (precisamente: impermanente) y evite necear indignamente contra la fuerza de gravedad. ¿Qué dolencias y problemas le están esperando en el futuro, con un collar de flores, en el pórtico de ese estado? Por un momento, en ese presente (que ya no es más y que en el futuro próximo de este texto quedará muy mal parado) piense cómo está produciendo las condiciones de sus propios problemas al evitar relacionarse de una manera simple y, fundamentalmente natural, con el mundo. Dicho de otro modo, evite proteger lo que sea: objetos, experiencias y lo que crea que debe ser motivo de aferramiento. ¿Imagina el costo de la ansiedad por guarecer aquello que de cualquier modo cambiará? #AhíLoTiene

Paso 3. Prepare un arcón de insultos

Nos va como en feria porque nos identificamos con lo que no somos. Nos identificamos con lo que se deje y a partir de ello vendrán rachas en las que sólo valdrá la pena la pregunta del final: “¿Cómo empezó todo esto?”. Pero no se preocupe, pronto olvidará esa duda y tomará el siguiente modelo al cual aferrarse. Así podrá anhelar o escupir tanto al pasado como al futuro.

Paso sin número. Desmitifique la existencia de tal cosa como “el presente”

Nada tiene de malo recordar con cariño o coraje eventos del pasado, como tampoco voltear a ver lo que se anhela para el futuro. El problema es cuando uno se ve secuestrado por las versiones que uno hace de ellos. ¿Se ha preguntado dónde es que el caminar sucede? ¿Es en el pasado, en el presente o en el futuro? La pregunta parece absurda hasta para un diputado hasta que toma en cuenta que el pie es un fenómeno compuesto de diversas partes. Si el talón, por ejemplo, pisa el suelo, habrá llegado a su destino, pero el resto del pie no: en el futuro lo hará. ¿Y cuál es el tiempo intermedio? Eso a lo que fácilmente nombramos “presente” y que simplemente no lo podemos congelar, siquiera como para concebir y estudiar. Y no hay más que dos opciones: o el estado en el que el caminar ya se dio, o en el que está por darse. En términos prácticos, es imposible ubicar el presente porque lo estaremos intentando hacer desde el pasado o el futuro. El punto de todo esto no es (sólo) tocar la fibra de cómo somos responsables del mundo que construimos a partir de la interpretación y el juicio, para luego pensar que existe justo así, sino simplemente hacer notar cómo aceptamos las cosas tal cual aparecen y, ¡la bronca!: de inmediato les proyectamos una identidad que no tienen.

Paso 4. Haga limpieza profunda

¿Qué dimensión del tiempo tiene el espacio que hay entre estas letras y sus ojos? Como su identidad, sólo es una combinación de proyecciones. Y desde luego, también es una colección de opiniones, pero No tiene un referente objetivo. Ante ello, no queda más que depurar las fantasías que usted proyecta sobre el tiempo (y sobre el mundo) y de esa manera le quitará piso al apego y a la aversión: los autores intelectuales y materiales del secuestro de su tranquilidad a manos del equipo de sicarios apadrinados por la confusión y el dolor.

Paso 5. Dele un presente a usted, de niño

¿Se ha dado cuenta de lo repetitivo que es usted en su vida? Olvide su innovadora práctica de tomar otra calle para llegar a la oficina, la falla estructural está en olvidar que igualmente reiterativos son los patrones y como tal, los errores, muchas veces son indistinguibles de la voluntad. No se le da al niño lo que quiere, sino lo que necesita. Siendo usted es ese niño, ¿está dispuesto al trato? ¿Hace las paces con morar en lo que parece ser el presente?