Aprender de los errores

Para entender mejor nuestras reacciones al momento de fracasar en algo, lo primero que debemos hacer es adentrarnos en el terreno de las definiciones

Aprender de los errores

La sabiduría popular dice que el hombre (los seres humanos) es el único animal que se tropieza dos veces con la misma piedra. Esta analogía, aterrizada a la vida diaria, se puede interpretar de distintas maneras; sin embargo, al momento de desmenuzar el comportamiento humano lo cierto es que hombres y mujeres reaccionamos de distinta forma frente a escenarios similares, principalmente cuando fallamos ante cierto tipo de circunstancias que creíamos tener controladas.

Para entender mejor nuestras reacciones al momento de fracasar en algo, lo primero que debemos hacer es adentrarnos en el terreno de las definiciones, por lo que un error es una equivocación en un acto, escrito o trabajo y por lo general se le denomina así a todo juicio o valoración que contraviene el criterio de aquello que reconocemos como válido.

Bajo este contexto, lo primero que debemos asimilar con respecto a los errores es que éstos son meramente subjetivos y que su importancia, relevancia, gravedad o afectación, cuando se presentan o cuando los cometemos, únicamente nos perjudicará si permitimos que se magnifiquen porque, al final del día, el peso específico de éstos sólo impactará en nuestras vidas si nos enojamos, si nos frustramos o si no los tomamos como una estupenda oportunidad para adquirir experiencia y fortalecernos.

Pero, en contraparte, también tenemos que considerar el lado positivo de los errores. Sobre todo cuando sabemos cuando estos se presentan una vez que hemos tomado alguna decisión (que a la postre resultó equivocada). Una persona apática, temerosa e insegura difícilmente va a ejercer su prerrogativa de tomar la iniciativa de aquellas circunstancias que le competen y, por lo tanto, para no fallar o no verse expuesta a la frustración, preferirá quedarse en su zona de confort donde absolutamente no pasa nada… ni bueno ni malo.

Sin embargo, cuando se trata de una persona cuyo perfil se distingue por ser de constante inquietud, por lógica estará tomando decisiones todo el tiempo y éstas no siempre van a ser acertadas, habrá algunas que acaben siendo erróneas, ¡qué más da! Los individuos de perfil competitivo constantemente se están enfrentando a los yerros inherentes a su inquietud.

Ahora bien, es un hecho incontrovertible que las personas exitosas siempre están buscando la perfección, pero al mismo tiempo se permiten cometer errores e intentar una y otra vez las cosas hasta que consiguen el éxito. Un ejemplo de esto lo podemos tomar del basquetbolista retirado Michael Jordan, quien asegura que durante los entrenamientos fallaba aproximadamente el 30% de sus tiros a la canasta, pero al mismo tiempo lanzaba poco más de 2 mil disparos al aro más que el resto de sus compañeros.

Cierto, la “Ley de Murphy” existe. Por ende, cuando algo puede salir mal… ¡va a salir mal! Pero si confiamos en nuestra inteligencia y en nuestra capacidad lo más probable es que si estamos fallando es porque seguramente no estamos utilizando los métodos adecuados o quizá no contamos con la información suficiente para desempeñar la tarea que deseamos realizar. Sin embargo, si nos ponemos autocríticos, lo cierto es que en todo momento somos propensos a cometer errores, pero si somos honestos, si los aceptamos, si no se los achacamos a otros, si los superamos como a cualquier otro obstáculo, lo más seguro es que acabaremos creciendo tanto en lo personal como en lo profesional.

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