El “nuevo” rostro del PRI, el mismo fracaso

José Antonio Meade se destaca por su apartidismo, neutralidad y eficiencia como funcionario federal

El “nuevo” rostro del PRI, el mismo fracaso

Mucho se habla y se escribe sobre José Antonio Meade, quien seguramente será el candidato presidencial del PRI en 2018. Se destaca su apartidismo, su neutralidad, su eficiencia como funcionario federal. Sin embargo, veamos el trabajo de este personaje ya no durante su paso por la Cancillería y la Sedesol, sino específicamente por Hacienda.

El 7 de septiembre de 2016, Meade Kuribreña fue designado como Secretario de Hacienda y Crédito Público (SHCP) en sustitución de Luis Videgaray, orquestador de una desastrosa visita de Donald Trump a México en tiempos de campaña en Estados Unidos.

Y desde ese momento comenzó a tomar una serie de decisiones que afectaron gravemente la economía de los 115 millones de mexicanos, aunque los más afectados, naturalmente, son los que viven con mayores rezagos.

Una de las primeras decisiones que tomó fue revivir los gasolinazos a partir del 1 de enero de este año, lo que detonó una de las peores crisis sociales de los últimos años. La inconformidad social se reflejó en saqueos y recorrió varios estados, principalmente del centro del país. Las instituciones de seguridad quedaron rebasadas y el caos reinó.

El 29 de diciembre de 2016, en vísperas del primer gasolinazo del año, Meade Kuribreña intentó justificar el aumento a las gasolinas con argumentos que rayan en lo absurdo. En una entrevista televisiva, presumió que el alza en el precio de las gasolinas es un hecho con el que “ganan nuestros hijos”, al no desperdiciar la riqueza petrolera, sino utilizarla para invertir y dar apoyo a quienes más lo necesitan.

“Gana primero el hecho de que ya no estemos artificialmente manipulando un precio, gana el hecho de que empezamos ya a manejar los precios en la economía de México como se manejan en el resto del mundo; ganan en el largo plazo nuestros hijos, yo tengo tres y quisiera decirles que no desperdiciamos la riqueza petrolera, que no la utilizamos para dar un apoyo artificial a los que más tienen, sino que la utilizamos para invertir, para dar apoyos a quienes lo ocupan, para traducirlo en menor deuda, en mayor fortaleza, y decirle así a mis hijos que hicimos un buen uso de esa riqueza. Gana por lo tanto el país en la medida en que dejamos de usar recursos públicos escasos para dar un apoyo artificial y además regresivo”… de este tamaño sus argumentos.

Pero vayámonos a temas concretos de los resultados de Meade en Hacienda, en estos últimos 14 meses:

*El ingreso del mexicano cayó a niveles de 1995, según datos del Fondo Monetario Internacional.

*Avaló aumentar el gasto público en 43 mil millones de pesos.

*Propuso 15 mil 400 millones de pesos para diputados federales y senadores.

*Planteó 2 mil 700 millones de pesos de publicidad para el Ejecutivo federal, es decir, para el que lo destapó, el primer priista.
*Propuso endeudar aún más al país, un 5.3%.

*La depreciación de la riqueza se estima en 10.52% para 2018.

*Y deja una inflación de 6.67%, cuando en la recibió en 4.1%.

Además, otros de los pendientes que dejó Meade en Hacienda fue la creación de un consejo fiscal independiente “que dote a la política fiscal de una visión de largo plazo y controles institucionales”.

La Coparmex sostiene que otro de los pendientes que dejó Meade fue impulsar una reforma que amplíe la base de contribuyentes que reduzca de manera gradual la tasa corporativa del ISR, de 30% a 24.66%.

Esta es la herencia que dejó José Antonio Meade en la Secretaría de Hacienda, lo que devela que no es tan eficiente como muchos lo presumen, ni tampoco tan apartidista, luego de que al comparecer ante el Congreso reconoció que en 2012 votó por Enrique Peña Nieto, su jefe y ahora padrino político.

Mucho se ha especulado del nuevo rostro del PRI, pero lo único que ha quedado demostrado con el “dedazo” es que el tricolor sigue tan rancio como en sus mejores épocas de José López Portillo o Carlos Salinas de Gortari. El dinosaurio despertó, pero México ya no es el mismo y por mucho que el presidente designe, la decisión final está en las docenas de millones de mexicanos decepcionados de los malos gobiernos del PRI, del sello de corrupción que acompaña a Peña en su sexenio.

Por eso es que, aunque el PRI se lave la cara, sigue siendo el mismo y el fracaso lo perseguirá hasta el 1 de julio de 2018, cuando el pueblo decida por el cambio.