#Política Confidencial: Osorio Chong cierra filas

El secretario de Gobernación lanzó un poderoso mensaje ayer al interior del PRI al dejarse fotografiar comiendo con José Antonio Meade, precandidato presidencial del PRI

#Política Confidencial: Osorio Chong cierra filas

Miguel Ángel Osorio Chong, secretario de Gobernación, lanzó un poderoso mensaje ayer al interior del PRI al dejarse fotografiar comiendo con José Antonio Meade, precandidato presidencial del tricolor. Fuentes de la Segob nos cuentan que el hidalguense ofreció su apoyo en la campaña de 2018 y confesó que llamó a gobernadores priistas el lunes para cerrar filas en torno al ungido, a cambio no de mucho: un​ escaño y libertad para seguir operando, desde el Senado, la designación del próximo fiscal electoral.

José Antonio Meade, precandidato del PRI a la Presidencia de la República, se reunirá este jueves con los dirigentes estatales del tricolor, con lo que busca garantizar el voto duro y territorial en todo el país. El encuentro también servirá para anunciar una gira, a partir de que comiencen las precampañas el 14 de diciembre, que arrancaría en las entidades del sureste, donde Andrés Manuel López Obrador tiene mayores apoyos.

Dante Delgado, Ricardo Anaya, Alejandra Barrales, presidentes nacionales de MC, PAN y PRD, están conscientes de que tienen los tiempos encima, tanto que este miércoles intensificaron los encuentros para definir el método de selección de su candidato presidencial. Ayer, en una encerrona en el CEN panista buscaban afanosamente amarrar un acuerdo que no han podido alcanzar en los últimos meses debido a la inequidad en el reparto de distritos electorales. Al tiempo que corre el reloj, se agotan los tiempos electorales, así como el tiempo de la dirigencia de Barrales, que debe dejar el 9 de diciembre por orden del tribunal electoral.

Francisco Martínez Neri, líder del PRD en la Cámara de Diputados, restó importancia a la aspiración de Ricardo Anaya a la Presidencia de la República bajo la postulación del Frente Ciudadano por México, dejando entrever que “hay algunas otras postulaciones que son importantes para valorar”. Para el perredista, ni con el FCM Anaya la tiene segura, pues enlistó como otros “grandes” perfiles a los gobernadores Javier Corral y Silvano Aureoles, así como al jefe de gobierno de la Ciudad de México, Miguel Ángel Mancera. Las resistencias en el bloque opositor en contra de Anaya siguen y amenazan con tronar el bloque opositor.

Morelia

Meade: ¿matracas o redes sociales? Ese es un primer dilema que tendrá que resolver, a partir de una campaña que inicia en el paleolítico y que él querría en un presente cibernético. Pero hay muchos desafíos más: ¿cómo convencer a los viejos priistas de que a pesar de no pertenecer a su especie será el nuevo guía del partido en el poder? ¿Cómo convencerse a sí mismo de que puede ganar esta elección, a pesar de no haber ganado ninguna en toda su vida? ¿Cuánto tiempo necesita para demostrar que puede ser un candidato competitivo y triunfador? ¿En qué momento podría pasar de eficiente secretario a líder de un país?

Por ahora, debe estar dentro de una película en la que fue “puesto” por Enrique Peña Nieto y donde los eventos se suceden a velocidad de vértigo.

El problema es que, como candidato del otrora invencible PRI, José Antonio Meade arranca desde un lejano tercer lugar en las encuestas sobre un partido que odian más de la mitad de los mexicanos. Es cierto que él no es priista y que tal vez por eso lo eligió Peña Nieto: una impresionante trayectoria por cinco secretarías en gobiernos de PAN y PRI; un meritorio trabajo de apagafuegos de una crisis económica que en 2016-2017 amenazó con incendiar al país, pero sobre todo una imagen de honestidad que lo saca de la larga lista de gobernantes priistas y corruptos.

No será suficiente. Meade tendrá en Andrés Manuel López Obrador, seguro candidato de Morena, un adversario que se juega su última carta: “al Palacio Nacional o a la chingada”. Así que para muchos será un auténtico duelo de un neopriista –con todo el brutal apoyo del aparato del Estado– frente a un “populista” que ya estuvo a unos cuantos votos de ganar la elección presidencial. Sería una lucha total entre dos fuerzas absolutamente antagónicas que se detestan a muerte y polarizarían al país. Por eso, en algunos subsiste la esperanza de que en el llamado Frente Ciudadano por México surja un acuerdo que permita un proceso convincente hacia dentro y hacia fuera, para elegir a un tercer candidato realmente competitivo frente a los dos que ya están en la arena. Sin embargo, se ve difícil que los contendientes internos renuncien a sus ambiciosas mezquindades en favor de un proyecto de nación. En cambio, lo que advierto es una suerte de suicidio colectivo político en el que cada quien por su lado camina al despeñadero. Es la crónica de una derrota anunciada, de la que nunca terminarán de arrepentirse.