Björk, siempre experimental

En su última producción nos deja en claro que la manera que tiene la humanidad de percibirse puede ir más allá de la imagen antropomorfa y que nuestras relaciones interpersonales no se limitan por cuestiones genitales.

Björk, siempre experimental
Por Ibero

Por: Rubén Romero Ponce

Björk siempre se ha caracterizado por mantener una postura abierta a tecnologías nuevas y experimentales a la hora de crear su trabajo. No es de extrañarse que mantenga esta misma apertura para todo lo demás, lo cual la hace parecer un ente de otra dimensión o del futuro. Su habilidad para poder ver más allá del dedo que señala la luna –o de la luna misma–, le ha otorgado esos ojos de pitonisa que le han ayudado a juntarse con aquellos que sobresalen en su rubro. Este equipo se caracteriza por la búsqueda de eso que aún no tiene nombre, eso que aún no se ha visto, que todavía no se ha escuchado o cantado.

El amor y las relaciones interpersonales son un tema recurrente que la islandesa siempre ha tocado. Los abordado desde ángulos, tanto líricos como visuales y tan complejos como puede ser nuestra relación con nuestra mascota o la relación que tenemos con la tecnología. La misma tecnología sin la cual su trabajo no sería la mitad de lo que es: siempre viéndola como una herramienta que requiere una parte de alma humana para trascender su utilidad.

En su última producción nos deja en claro que la manera que tiene la humanidad de percibirse puede ir más allá de la imagen antropomorfa y que nuestras relaciones interpersonales no se limitan por cuestiones genitales. Björk se presenta a sí misma como este personaje que bien podrías encontrar en el bar de Naboo tocando la flauta y usando un strap on, que da a entender que la genitalia puede ir más allá de nuestro propio cuerpo. O simplemente que la moda puede ser parte de nuestra manera de interactuar con otros cuerpos; incluso ha ido más allá de estos y ha planteado la idea de que estas relaciones pueden ser entre robots antropomorfos. Tal vez, a modo de ciencia ficción al más puro estilo japonés como en The Ghost in the Shell, nuestros “seres”, eso que nos hace ser quienes somos, podrá ser transferido a un cuerpo artificial y así experimentar nuevas formas de relacionarnos.

La islandesa, que al principio fuera confundida por descendiente del país nipón, no sólo ha tenido una visión del futuro lejano, también ha entendido muy bien el pasado y las historias que vienen de ese lugar. Esto le ha servido para hablar de las relaciones que podemos tener con el espacio que habitamos, entendiendo este como la tierra, el mar, las montañas, los planetas y el mismo universo. Asimismo, le ha ayudado a abrir ese abanico con n cantidad de futuros, los futuros posibles que devienen del pasado y que son creados a partir de nuestras acciones en el presente.

Björk nunca ha salido al espacio exterior, jamás ha sido transferida a un cuerpo robótico o se ha casado con su gato. Pero ha entendido que nosotros moldeamos nuestro mundo como queremos y que somos responsables de nuestra interacción con todo eso que está más allá de nuestra piel.