Dos mil 18

De cada dura lección emerge un gran aprendizaje, pero sólo si así lo elegimos y si estamos abiertos a tomarlo

Dos mil 18

Estamos cerrando este año ya, y como en todo cierre, siempre es bueno hacer una recapitulación de lo bueno, lo malo, lo aprendido y lo que queda pendiente. Para México fue un año de sacudidas -literal y metafóricamente- que nos tienen que hacer voltear la vista a lo esencial, a aquellas cosas que no se tocan, pero que son tan evidentes: los valores que nos identifican. De cada dura lección emerge un gran aprendizaje, pero sólo si así lo elegimos y si estamos abiertos a tomarlo.

La vulnerabilidad es una gran aliada de la conciencia, pues cuando nos sentimos en la desprotección, en el desamparo o en la pérdida, es que abrimos la mente a la importancia de la acción compasiva y de la fuerza de la unidad. Las desgracias o los problemas no son castigos o venganzas, sino eventos que hacen las veces de un gran despertador y que regresan la atención al momento presente para ver con honestidad qué hemos hecho y qué acciones hemos de tomar. Aceptar el regalo de una catástrofe para convertirlo en una semilla que dé los frutos de lo que queremos vivir en el futuro es honrar a los que se fueron, a los que dieron su vida, su tiempo, sus cosas, su dinero, para convertirse en ángeles terrestres que ayudaron a despertar la conciencia. Y este regalo es para cada una y uno del todo que formamos, para llevarlo a nuestro entorno inmediato, a nuestra familia, al lugar de trabajo, a nuestra comunidad, en cada pequeña cosa, y en cada respiración; es un cambio de perspectiva, si así lo queremos.

Quejarse, vivir enojados/as, resentidos/as, traumados/as, es un síntoma claro de que las lecciones no han sido suficientes, porque cuando realmente existe un cambio, éste se refleja en las acciones prácticas y en las actitudes de cada instante. El amor al prójimo, la preocupación con acción, la proactividad, la solidaridad, el cuidado de unas y unos con otros, pueden ser el nombre del juego de nuestro diario vivir y no sólo momentos esporádicos cuando ocurren las cosas más difíciles. El 2017 es un capítulo que cerramos con el título de un enorme movimiento pero, sobre todo, el movimiento de la conciencia, de pasar de una escala musical a la siguiente para crear una onda evolutiva. Si así lo elegimos, podemos tener el mayor regalo que un ser humano puede recibir: sabiduría; esa sabiduría que sólo puede venir de la experiencia, de haber atravesado y vivido en carne propia aquello que queremos y que no queremos para nuestras vidas.

Simbólicamente ahora tenemos enfrente un capítulo nuevo por escribir, un lienzo en el que podemos plasmar lo mejor de eso que hemos aprendido para hacer las cosas mejores, para ser artistas de nuestro mundo y los verdaderos agentes de cambio de nuestro amado país. Ya nos dimos cuenta del enorme tesoro que llevamos dentro, la pregunta ahora es ¿queremos hacerlo vida o sólo lo queremos para alardear un rato y dejarlo pasar? El poder y la fuerza de la unidad, de saber que somos uno y que de cada pensamiento, palabra y acción que tomamos somos capaces de crear por completo una nueva realidad son enormes y este año que se va hemos sido privilegiados de poder verlos a todas luces. Deseo con todo el corazón que el 2018 sea el año en donde todos estos valores, a veces tan escondidos, hagan su aparición como las herramientas de los seres creadores que son capaces de conducir su destino personal y colectivo con lo mejor de sí mismos. Feliz año nuevo.