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Para ver nuestros sueños hacerse realidad existen dos componentes fundamentales: la fe y el trabajo. Nuestro dicho sabio “a Dios rogando y con el mazo dando” describe muy bien cómo es el asunto

Por Toño Esquinca

Tradicionalmente un año nuevo nos invita a las aperturas, los inicios, los propósitos y las nuevas metas que queremos alcanzar. De una manera simbólica colectivamente abrimos un ciclo que nos de la oportunidad de volver a empezar y trazar nuevas rutas; y aunque tener el intento es básico, es primordial comprender que si no ponemos esfuerzo en cambiar actitudes, visiones, y maneras de sentir y hacer las cosas, todo se quedará en una fantasía. Para ver nuestros sueños hacerse realidad existen dos componentes fundamentales: la fe y el trabajo. Nuestro dicho sabio “a Dios rogando y con el mazo dando” describe muy bien cómo es el asunto.

El poder de lo invisible y la confianza en una fuerza superior que nos apoya y nos ampara es el gran contenedor, y hacer lo que nos corresponde es el contenido. A veces causa risa vernos queriendo componer la vida de los demás, darles consejos o evangelizarlos, cuando la nuestra está de cabeza; o poner un pie fuera de la cama peleados con el mundo esperando que los demás cambien para entonces, según nuestra mente infantil, sentirnos satisfechos. La palabra clave para edificar aquello que queremos es responsabilidad. ¿Se ha fijado usted cuántas de las cosas “allá afuera” parece que no tienen dueño porque nadie quiere tomar responsabilidad? Si queremos una ciudad limpia nunca de los nuncas podemos tirar basura en la calle, y aún mejor, podemos recogerla.

Cualquier cosa que proyectemos como lo deseable tenemos que llevarla a la práctica y en la medida de lo posible ser maestros de la congruencia. Exigir respeto, justicia, amabilidad, disposición, y todo lo que deseamos recibir, tiene que comenzar por cada uno y una de nosotros, porque de lo contrario nuestra calidad moral para pedirlo es nula, y en la balanza del universo todo está perfectamente equilibrado. En cada pequeño acto podemos revisar qué tan responsables somos, y en esa evaluación encontraremos muchas respuestas para saber por qué las cosas no llegan, o no se logran, o siempre nos pasa lo mismo.

La responsabilidad es el síntoma más claro de la madurez mental y emocional, porque no estamos esperando que alguien lo haga por nosotros, sino que tomamos el papel de autores y creadores de nuestra realidad. En contraste, cuando seguimos en el papel de víctimas vivimos en una pasiva inhabilidad para hacer nada más que quejarse, lamentarse y estar permanentemente enojados. La responsabilidad no es una tarea fácil, porque implica crecer, pero crecer es lo que venimos a hacer a esta vida, y es el mayor regalo que podemos tener para sí mismos y para los demás. Observe en su propia historia, seguramente las mejores cosas, las más grandes enseñanzas y los mejores regalos, los recibió de personas que tomaron la responsabilidad de darle a usted y a los demás un momento agradable, de cubrir alguna de sus necesidades, de sentirse apreciado y apoyado. Si como individuos y como sociedad ejerciéramos el derecho a crecer, a ser generadores de cambio, proactivos, activos, sembrando lo que quieren para sí, concibiendo a los otros como una extensión de sí mismos, dejando de hacer lo que no queremos que nos hagan y haciendo lo que sí, con toda seguridad en un parpadear de ojos, veríamos una transformación como jamás la hemos imaginado.

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