La lopeztroika y el gulag de los bufones

Por César Cravioto

Como reconocer la realidad no les conviene, los gobiernos de la derecha en México inventan otra que se ajuste a sus intereses.

Para ellos, la verdad es un estorbo. Y la moral –como dijera el clásico– un árbol que da moras.

Así, en vez de admitir que la pobreza ha crecido, el INEGI cambia la metodología para medirla. Y en un instante la disminuye. Y el entonces secretario de Desarrollo Social, José Antonio Meade, aplaude el creativo maquillaje estadístico.

Y qué decir de la genial idea de Carlos Salinas de Gortari, que ante la catastrófica devaluación cambiaria en su mandato, por decreto le quita tres ceros al peso. Y en un santiamén lo “reevalúa” mil por ciento.

Acostumbrados a gobernar con espejismos, en su mundo de mentiras suponen que la desmemoria colectiva será eterna.

Por eso sus estrategas electorales hoy repiten algunas de las triquiñuelas de la guerra sucia de 2006 cuando, por ejemplo, algún cerebro volátil discurrió que llamar a Andrés Manuel López Obrador con el solo apelativo de “López” era humillante.

Ni siquiera recuerdan que el cineasta Luis Mandoki filmó una serie documental sobre la campaña de ese año de López Obrador, precisamente intitulada, con inocultable sorna: “¿Quién es el señor López?”.

Y que el gran Carlos Monsiváis también se pitorreó de ese singular forma de supuesto desprecio al preguntarse por qué entonces no decían: El presidente Adolfo López, el periodista Joaquín López, el dictador Antonio López, el presidente José López, el poeta Ramón López…

Entretanto, con la sagacidad propia de los oscurantistas, José Antonio Meade, Enrique Ochoa Reza, Aurelio Nuño, Javier Lozano… continúan aludiendo al dirigente de Morena sólo por su primer apellido.

Y como para ridículos no paramos, lo que comenzó como un intento propagandístico de vincular políticamente a Andrés Manuel López Obrador con Rusia, desembocó en uno de los episodios más hilarantes en la historia de las redes sociales.

Para esto bastó el siguiente comentario publicado en el diario Washington Post por la articulista Frida Ghitis:
“(…) los observadores notaron, desde hace meses, que la cadena de televisión no oficial del Kremlin, RT, disponible en México, comenzó a dar gran cobertura al principal portavoz en inglés de López Obrador, John Ackerman”.

Ante esta sola nota, más presuroso que sensato, Juan Ignacio Zavala, millonario publicista y cuñado de Felipe Calderón, lanzó una petición mediante la plataforma Change.org para expulsar a John Ackerman del país, después de que se revelara que “supuestamente está coludido con Rusia para que AMLO gane las elecciones”.

En contraparte, el monero Patricio utilizó la misma plataforma para pedir que se expulse del país a Juan Ignacio Zavala, “por pendejo”: “México sería un país maravilloso si supiéramos que Juan Ignacio Zavala ya no está en él. ¡Mandémosolo lo más lejos posible!”, señaló.

Pues bien, en unos cuantos días la petición de Patricio cuadruplicó el número de adherentes conseguidos por Zavala.
El presidente nacional del PRI, Enrique Ochoa Reza, con la lucidez que lo caracteriza se sumó a las críticas contra la “perversa maquinación” para alertar de la presunta intervención de Rusia y Venezuela en favor del precandidato de Morena a la Presidencia, Andrés Manuel López Obrador.

Y señaló:

“Los focos rojos están prendidos y hay que exigir que se revise y se sancione, porque nuestra Constitución establece que está prohibida la intervención de países o personas extranjeras sobre las decisiones políticas de México. Es un principio fundamental de soberanía”.

Tal vez asustado ante el tamaño del ridículo, el propio vocero de la Presidencia de la Republica, Eduardo Sánchez, aseguró “que no hay pruebas acerca de ese tipo de intervención de Moscú”.

Pero ya encarrerado, un día después Javier Lozano –apenas nombrado vicecoordinador de Mensaje de la campaña de Meade– rebatió al director de Comunicación Social del gobierno federal y sin prueba alguna, basado en la sola mención de textos periodísticos subrayó que se trata de “una amenaza real y que ya incluso se le dice a López Obrador Andrés Manuelovich".

Y las redes sociales estallaron de risa.

El monero Hernández, renombrándose como “Tovarich Hernandovich”, tuiteó:

“¡¡No vamos a entregar el país a los intereses del gobierno ruso!!… básicamente porque ya lo tenemos comprometido con los capitales gringos y canadienses… y españoles… y brasileños…”

Y de remate, el propio Andrés Manuel López Obrador volvió a romper la audiencia de las redes sociales con un video donde supuestamente espera el “oro ruso” porque, dijo: “Ya no soy Peje, ahora soy AndresManuelovich".

“Ahora ya vivo del Oro de Moscú”, comentó con sorna. Y agregó que vive del oro, “pero de un loro que tengo allá en Palenque”.

Sin duda, los expertos en guerra sucia del régimen pretenden desatar la histeria conservadora que, suponen, sobrevive en algunos segmentos de la población. Pues siguen al pie de la letra las enseñanzas de Joseph Goebbels, responsable del Ministerio de Educación Popular y Propaganda creado por Adolfo Hitler, quien decía:

“La propaganda debe limitarse a un número pequeño de ideas y repetirlas incansablemente, presentarlas una y otra vez desde diferentes perspectivas, pero siempre convergiendo sobre el mismo concepto. Sin fisuras ni dudas”.

En 68, el régimen de Gustavo Díaz Ordaz satanizaba a los estudiantes llamándolos emisarios de Moscú, portavoces de ideas exóticas, comunistas, rojillos, conspiradores…

Hoy, casi cincuenta años después, los voceros de un régimen decadente utilizan calumnias semejantes para denostar a López Obrador.

Se dicen amantes de la modernidad, con la vista puesta en el futuro. Pero para preservar sus privilegios estarían dispuestos a repetir las peores atrocidades del pasado.

Pero mejor aquí le cortó, no sea que Lozano me hable por su zapatófono para acusarme de ser Maxwell Smart, el superagente 86, terrible emisario del archirrecontraespionaje ruso.

Es decir: лавное управление исправительно-трудовых лагерей и колоний.

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