¿México debería tener una política más enérgica en respuesta a Trump?

¿México debería tener una política más enérgica en respuesta a Trump?

Históricamente, México se ha posicionado como un país con una política independiente pese a su vecindad con una potencia como Estados Unidos, ello le ha ganado una posición internacional de respeto y un indiscutible liderazgo a nivel global. Nuestro país, se caracteriza además por ser cuna de un pueblo trabajador, solidario que siempre está dispuesto a construir con otras naciones, que se preocupa y moviliza ante catástrofes naturales, atropellos a derechos humanos o crisis humanitarias; además, es promotor de acuerdos internacionales como lo fue la pacificación de Centroamérica, el impulso de la integración regional a través de mecanismos como la Alianza del Pacífico o la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC).

En materia democrática, México tiene su propia historia en la lucha por un país cada vez más plural a través de la creación de un andamiaje de instituciones que son cada vez más sólidas como lo es el Instituto Nacional Electoral, el Banco de México, la Comisión Nacional de los Derechos Humanos y el Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos Personales.

En suma, en la arena internacional se nos distingue como un país en vías de desarrollo con un enorme potencial, con una economía estable gracias a las reformas y leyes modernas que tiene en su agenda las mejores causas de la humanidad. En ese contexto, las acusaciones y descalificaciones de Donald Trump contra nuestro país despertó la indignación no sólo de los países de la región sino de toda la comunidad internacional, pues una relación bilateral que históricamente había estado llena de suspicacias, en las últimas décadas había alcanzado un nivel de cooperación sin precedentes basadas en el respeto mutuo, la responsabilidad compartida y con un comercio bilateral sin precedentes.

La llamada “Era Trump” amenaza con terminar los vínculos de buena vecindad entre ambos países y parece haber declarado la guerra a nuestro país a través de las redes sociales, así, un presidente improvisado, ignorante e instransigente tiene el poder de desestabilizar el tipo de cambio peso-dólar con la fuerza de un solo tuit.

Ante este escenario, la Cancillería y el Cuerpo Diplomático han enfrentado una de las etapas más complejas en la historia de la relación con Estados Unidos en el que los derechos humanos de millones de connacionales que residen en territorio nacional, se encuentran bajo el fuego de un personaje intolerante y xenófobo que demuestra que el racismo no terminó con la elección de Obama, como el primer presidente afroamericano de la Unión Americana.

Por si fuera poco, la amenaza recurrente de abandonar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, columna vertebral de la relación comercial que intercambia a diario de 1.5 mil millones de dólares, se ha vuelto una de las armas del presidente estadounidense para intentar doblegar a nuestro país y obligarlo a pagar un vergonzoso muro que representaría una afrenta no sólo contra México, sino contra toda América Latina.

Pareciera que Trump quiere llevarnos a un escenario como el de Venezuela, Bolivia, Cuba y Nicaragua que viven prácticamente en una confrontación permanente con los Estados Unidos y cuyos resultados son caóticos para sus pueblos. No obstante, la consigna mexicana ha sido siempre abrir puertas y tender puentes, por ello México no debe responder a la vociferación con desprecio sino con astucia.

La palabra “crisis” significa cambio profundo, y precisamente necesitamos identificar en este momento una oportunidad para cambiar el modo en que nos relacionamos comercialmente con el mundo; somos un país competitivo que se ha ganado un lugar en el mundo pues lo hecho en México tiene calidad.

Si bien el TLCAN ha traído importantes beneficios para nuestro país, también ha permitido elevar la competitividad del vecino del norte por lo que el gobierno de México debe tener la habilidad de hacer que Trump escuche las voces, no de los mexicanos, sino de los millones de estadounidenses que se verán afectados con el probable retiro de los EU. de tan importante tratado. Para Estados Unidos, la suspensión del Tratado le costaría cientos de miles de empleos, recortaría su crecimiento económico e incluso haría subir los precios de muchos bienes de consumo. Por ello, México debe ser una caja de resonancia de aquellas voces como la de los principales directivos de armadoras de automóviles estadounidenses que se oponen a las ideas de Trump, pues es necesario hacerle ver todo el apoyo político y financiero que perdería el Partido Republicano.

En resumen, la tarea de nuestro gobierno debe ser clarificarle a Trump el enorme costo social, económico y hasta político que tendría en su propio país tal decisión, porque su postura no responde a una verdadera laceración de los intereses económicos norteamericanos, sino a su necesidad política para legitimarse, por lo tanto, el énfasis debe ser en el costo político de tomar una decisión equivocada.

Hay que ser contundentes y astutos, hacer que la voz de académicos, especialistas, empresarios, sindicatos y líderes de opinión en los Estados Unidos se multipliquen y se escuchen en los medios de comunicación, y utilizar la misma arena que a Trump le gusta, Twitter puede convertirse en un aliado estratégico para la deliberación.
México hace política exterior de altura, pero en este contexto, como decimos los mexicanos “más vale maña que fuerza”. Ante la intransigencia, inteligencia.