Instrucciones para irse de una fiesta sin despedir

Las reuniones siempre son una oportunidad de hacer nuevos amigos, pero si no lo logras, aquí unos consejos para hacerla más llevadera

Para ser leídas con Hello, Goodbye, de The Beatles

Paso 1. Llegue a la fiesta equivocada

Hay momentos para todo, incluso para errar el tiempo y el espacio, como cuando acepta la oscura invitación a una reunión y la única información que tiene es que va a “estar buenísima”, aunque sea en un municipio desconocido fuera de los tentáculos de la Megalópolis y encima, no tenga idea quién vaya a ir. Pero sea aventurero, vaya en contra de lo que en el fondo sabe y piense que es una gran oportunidad para conocer gente interesante.

Paso 2. Finja ser un mueble más

Cuando entre a la casa donde es la reunión y vea que hay siete malencaradas personas, todas ellas en un círculo, platicando sus nuevos chismes de la semana, sabrá muy bien dos cosas: que la noche es larga y es momento de hacer acopio de toda la creatividad acumulada (sea para escapar, para enfermar o para morir).

Y es que el buen mexicano no sabe, no debe, no puede emplear la palabra “No”. Menos aún, se puede resistir a ser extra amable y a usar diminutivos sociales. Primero, aunque se la esté pasando estúpidamente mal, deberá santificar la fiesta. Luego repartirá y recibirá en la reunión fraseologías como: “salí de tu casa” (haciendo referencia a la propia y generando hasta en usted, lector, una profunda confusión). También será víctima del “provechito” y otras formas sociales que -a falta de conversación- salen como rompehielos para sólo romper su noche. Así que estoicamente aguante como el guerrero mexicano que es, salude a quien lo invitó a tan inesperada ocasión y finja estar muy ocupado en lo que sea, en el sillón más apartado de ésa, “su casa”.

Paso 3. Encuentre nuevos patrones a sus huellas digitales

Con una mano la cerveza y con otra su testamento, maldiga los astros y sus alineaciones por ni siquiera poder beber para hacer de cuenta que está en Las Vegas: dada la lejanía del predio y sobre todo, gracias al nuevo imperio de la tarifa dinámica, recuerde que trae auto. Pero en ese estado de desolación, y a modo de aleccionamiento para aprender alguna verdad suprema, no existe posibilidad para imaginar una tragedia espontánea creíble y hacer una hora y cuarto de regreso a casa para hacer lo que está haciendo en ese esquinado sillón, ahora su cómplice: encontrarse nuevos y mejores pliegues dactilares en los dedos y así tener un momento para reflexionar en la impermanencia.

Paso 4. Acábese la pila de todos sus dispositivos

El celular es la nueva mejor extremidad que le pudo haber salido. Es lo primero que ve, a quien hace caso por encima de todo, con quien carga a todos lados (incluso a esas fiestecitas) y con quien duerme. Por ello pretenda estar escribiendo guiones de secuestros a futbolistas y con esta cara de extra ocupación, aleje cualquier intento de plática.

Paso 5. Dé gracias al anfitrión, su fiesta ha terminado

Piense que debería quedarse hasta que sólo quede el anfitrión de la fiesta. No por educación, sino por salud social: ¿o no, en cuanto se va una persona, es automático y blanco generalizado de todos todas las críticas, señalamientos, chismes y frases que sólo en Mortal Kombat podrían decirse? Aún así, su paciencia se habrá reventado pronto, así que espere el momento del brindis desde su rincón, pase por la puerta como si le fuera a abrir a alguien y no voltee. No dé marcha atrás y libérese de la dictadura de su propia trampa. El camino a casa será largo, pero propio y digno.

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