Instrucciones para ver un partido de fut

Existen muchos tipos de aficionados, desde los que se creen directores técnicoshasta los que se quedan en el sillón con sus refrigerios

 

Para ser leídas con: Playin’ Soccer de J. Stalin

Paso 1. Prepárese para un estado de hipnosis

Entre en un estado de atención alterada cuando escuche el silbatazo para advertir el inicio de un partido, como si se tratara del anuncio de una declaratoria de guerra, previamente preparada con botana, cervezas, amigos y esposas. El kit es esencial para hacer de una producción comercial, una fiesta del pueblo. Una vez que el árbitro silba, sepa que todo debe ser (ahí sí, como en ninguna otra esfera ni plataforma de su vida) atención plena.

Paso 2. El mito del control

Ya instalado en el feudo de su sillón, su bowl con papas y sus aditamentos para ver el partido alfabéticamente dispuestos para no pararse en 90 minutos, sepa que muy probablemente al minuto 3 se dé cuenta de lo impensable. Un fuera de lugar por sí mismo: el control no está. Todo colapsará. Incluso los 22 jugadores pararán el partido un momento y voltearán a verlo hasta que recupere su control. La búsqueda será frenética: sin dejar de ver la pantalla hará el scanning, debajo de los cojines, incluso entre ellos, sabiendo que ni un cuarto de control cabría ahí, pero será importante descartar cualquier posibilidad e irse al ataque desde el principio.

Como sólo creyó haber parado el partido para encontrar su objeto de deseo tendrá que volverse a sentar un momento al oír más gritos por parte del locutor. Pero cuando su piernita izquierda no pueda temblar más de la ansiedad, se levantará para ver si el control yace en la bolsa de las papas o, incluso, si está en el bote de basura. La búsqueda se prolongará varios minutos, hasta que se dé cuenta que efectivamente perdió el control. Ahí será cuando alguien pase y le diga: “se te va a caer el control de la bolsa del pantalón”. Volverá a su estado Zen, descansando (y acariciando) de manera imperturbable, el control junto a su regazo.

Paso 3. Conviértase en DT de algo que ni sabe lo que es

Ahora sí, inmutable, decide gritar, corear y dejarse llevar por 22 cráneos persiguiendo un asustado balón que en un momento de relajación (y cuando sabiamente pone mute a los narradores), se vuelve una reflexión. El futbol es un pase filtrado al área, de una cantidad inusitada de intereses; un penalti de expectativas que paradójicamente mueve pasiones y sentidos extraños de pertenencia; un baile en media cancha de egos y –sobre todo- un esperado torneo o copa para hacer quinielas, detener el mundo por 90 minutos y convertirse en Director Técnico del televisor de su sala.

Paso 4. La repetición

Lo más curioso es que al terminar el partido, por una razón que no hay cómo entender, se quedará a soportar los lugares comunes que balbucean los masacrados jugadores justificando su derrota o diciendo que sabrían que ganarían. Luego viene lo peor: los autoproclamados locutores, y el “análisis” pormenorizado, como si las repeticiones y el análisis logarítmico del cabeceo errado fuera a cambiar el resultado (naturalmente a su favor).

Paso 5. Aprenda la lección

El futbol es extraño. Tanto, que permite ver cómo afloran las emociones
más básicas del hombre en competencia, cuando en su forma más básica, no es otra cosa que patear un esférico, como se patea el sentido de identidad.