Instrucciones para bloquear una avenida

Quiéralo o no, los bloqueos y las marchas se han convertido en un estilo de vida de esta ciudad a lo largo de los últimos años

Para ser leídas con: “Duct Hole Bolckage”, de SnottBoxx

Paso 1. Aplauda la evolución

Mientras más se conoce a los hombres, más se quiere a las avenidas. Seguramente le habrán pasado ideas como ésta mientras espera en su coche a que los 13 ilustres caballeros que impiden el paso y retan los términos constitucionales de libre tránsito, se aburran, vean que ya empezó el partido o reciban una nueva señal de su HQ. Quiéralo o no, los bloqueos y las marchas se han convertido en un estilo de vida de esta ciudad a lo largo de los últimos años, que si algo ha dejado claro, es la destreza que tenemos para dialogar y evolucionar como Zoones Politikones.

Paso 2. Confunda el progresismo con pusilanimidad

Cuando quiera que se lleve a cabo su voluntad, así como cuando sus padres cedieron al primer berrinche que hizo de niño mal portado y maleducado, junte otros once compas y fórmelos –uno a uno- sobre la cebra del cruce peatonal de su elección. Entre más nutrida y céntrica sea la avenida a bloquear, encontrará que el ejemplo a los demás será mejor, en especial a un jefe de gobierno que ostenta el linaje del cinismo. En esta ciudad el gobernante se lava las manos y las alza como diciendo: “por mí que la incendien, no quiero un escandalito más en mi haber”. Y en este pase de papa caliente, ¿no es un bloqueo una provocación directa a quien tiene que pasar? ¿Y qué es lo que va a pasar? ¿A qué nos están orillando ambos extremos?

Paso 3. Sea un tesoro de sabiduría

La efectividad e impacto de su bloqueo se medirá en el número de kilómetros que tenga parados a vehículos y camiones durante un razonable número de horas. Una vez que logre unos decorosos 10 km por al menos cuatro horas, permita dejar ver la dimensión transpersonal del universo con sus consignas y pida lo que ni un ciudadano formal y al corriente en todas sus cuentas, se atrevería. Así garantizará la justificación de su movimiento, la atención de los medios y la garantía de algún día, estar exhibido en algún museo de Europa como pieza extraña de lo que se permite (y consiente) en otras lejanas y exóticas latitudes.

Paso 4. Libre tránsito a los bloqueos

Sea mensajero del hecho que la circulación de autos en la CDMX está también supeditada a la impermanencia. ¿Quién les dijo a los conductores de esta ciudad que iban a poder andar libres por ahí, como si se tratara de un lugar con sentido común en donde podrían mover sus mofles como quisieran? Lo mejor de todo es que se trata del sector educativo, quien pone esta esforzada concentración para romper el mito del libre tránsito.

Paso 5. Bloquee los bloqueos: bloquémonos todos

Hay bloqueos de arterias, de recursos financieros, bloqueos de ideas, de emociones, de presupuesto, bloqueos nasales y en el discernir, así que ¿por qué no bloquear libre y democráticamente las calles? Disfrute la escena como si fuera veloz película muda: los granaderos juegan a bloquear los bloqueos. A esto apuesta el estado de derecho interpretado por el alcance de nuestra civilización. Y como no hay quien ponga orden y se siga haciendo lo que conviene al futuro político de los grupillos y facciones, se alimenta el desgano y la indiferencia: mientras no me bloqueen a mí, todo está bien, reza el dicho común.

Paso 6. ¿Seguimos bloqueando(nos)?

No es difícil darse cuenta, a pesar de que pasen los sexenios, de cómo este país tiene la cualidad de retar al tiempo y sorprender a la ciudadanía con la misma calidad de políticos y las mismas protestas y conflictos que lustros atrás. No hay que ser sabio para saber que no todos los padres de familia son padres en las marchas; que no todos los que se dicen maestros lo son, y que en el fondo, hay intereses de poder que son los que están bloqueando algo tan grande como  lamentable: que un país se dé cuenta que es mucho más que sus diferencias.