Instrucciones para no temblar de frío

Para ser leídas con: Cold in California, de Marcus Layton

Paso 1. Póngase ese suéter
 Por generaciones se nos ha instruido, a todas edades, a toda hora y en las más penosas situaciones, que nos pongamos el suéter. Esta orden, resultado de una extraña confusión y suma del “estar con el pendiente” y hacer que los demás hagan lo que uno dice, lo deberá poner en la obvia y más necia situación: aunque esté nevando deberá mostrar que cuenta con adultas credenciales para enfermarse porque esa era su voluntad deseada cuando decidió salir a la calle sin suéter.

 

Paso 2. No tenga nada
 Después de una colección de estornudos y moqueos altisonantes, niéguelo todo. Recuerde eso que aceptar algo lo materializa, de tal manera que deberá pelear al fuego con fuego y volver a salir sin suéter (y atrás, un ejército reclamándole lo contrario). Recuérdese invulnerable y ávido de perpetuar su conducta autodestructiva:
niegue cualquier avistamiento de moco de dudosa coloración, siga sin ponerse el
suéter y sirva sus cubas con extra hielo.

 

Paso 3. Estornúdame, pero no me dejes
Ponga en movimiento el mantra: “Se quita sola”. Si puede, invente remedios caseros que al ser verbalizados cobran un esotérico poder que lo sacará de su incipiente ardor de garganta y mareo pregripal. Lo mejor es el té con todos estos remedios del colectivo terapéutico: nopal + equinacea + tomillo + limón + miel + lo que diga la vecina. Sólo evite tomar lo que debe, y bajo ninguna circunstancia vaya al médico. Mantenga su suéter lo más alejado de su torso, ya que para esta altura, será cuestión de orgullo político.

 

Paso 4. Conviértase en médico internista
El requisito de la receta obligatoria para conseguir un antibiótico no es obstáculo para el ingenio de un gripiento. Ya que vea que la herbolaria aplicada no rinde los frutos inmediatos necesarios para seguir sin suéter, acuda al tequila. Luego de varias dosis pruebe un refuerzo inmunológico con mezcal. Seguro terminará dando las gracias a toda ausencia de suéter y estará listo para repetir la dosis mañana.


Paso 5. Esparza su legado
Si ya se sabe enfermo y su cuerpo está minuciosamente cortado procure esparcir su sentir ante el respetable para que se sepa lo que está viviendo. Tosa y estornude con énfasis y dirección hacia aquél que le haya recomendado ponerse el suéter para ver si con eso entiende su ñoñez. 


Paso 6. Maldiga su condición

Una buena gripa debe hacerlo delirar al grado que se vea en su hipnosis con un suéter puesto. La maldición jamás será el virus, sino el objeto de su discordia: el suéter, mismo que sólo por hoy, estará puesto no sin saber que tan pronto salga de su infección,
aprenderá de la condición y no volverá a ponerse otro maldito suéter.

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