7 pueblos que quieren ser mágicos

El esperado anuncio, que no se otorga desde 2015, regresa este año para nombrar a nueve localidades mexicanas y aquí te presentamos algunos de los candidatos más fuertes dentro de las 124 solicitudes

Por Diego Rammsy

Bustamante, Nuevo León

Sólo una hora y media de camino por la carretera separan al municipio de Bustamante de la urbe de Monterrey. Según el mismo secretario de turismo del estado, Miguel Angel Cantú, este es uno de los candidatos más seguros para convertirse en uno de los nuevos Pueblos Mágicos este año. Pero, ¿por qué? Entre sus atracciones turísticas se encuentran las famosas grutas de Bustamante, una monumental cavidad natural descubierta en 1906 que actualmente se puede visitar para lograr admirar las enormes formaciones pétreas. Además Bustamante se ha forjado fama de excelente panadería artesanal gracias a la elaboración con harinas de trigo, canela, anís, nuez, cocoa y piloncillo.

San Carlos, Sonora Cortesía

San Carlos, Sonora

En las hermosas costas del Mar de Cortés se encuentra este lugar, en el estado de Sonora y a sólo 135 kilómetros de Hermosillo. San Carlos es una joya, rodeado de montañas y con una vista envidiable al mar, es un destino poco común para los mexicanos. Pero no así para los estadounidenses y canadienses que cada año lo visitan para esquivar el frío del norte. Antigua tierra de las tribus Yaqui, Guaima y Seri, es un lugar ideal para el avistamiento de la ballena gris entre noviembre y marzo. Además cuenta con dos populares playas como son Los Algodones y San Francisco.

Acámbaro, Guanajuato Cortesía

Acámbaro, Guanajuato

Se trata de una villa que se remonta a la era prehispánica. Antes de ser fundada por misioneros franciscanos en 1526, ya era un centro de la cultura chupícuaro. El encanto arquitectónico de Acámbaro es evidente y pocos pueblos lo tienen. Se puede apreciar tanto en el estilo barroco como en construcciones monumentales como los templos de San Francisco y del Hospital, el Santuario de Guadalupe y el Puente de Piedra.
Ubicada al sureste del estado de Guanajuato, y a 291 kilómetros de la Ciudad de México, este pueblo también ha destacado por su gastronomía, principalmente por su pan.

Pinal de Amoles, Querétaro Cortesía

Pinal de Amoles, Querétaro

Entre otros pintorescos pueblos, Pinal de Amoles emerge desde la neblina y las montañas en el estado de Querétaro. Sus casas de techos rojos bordan una alfombra que sólo es irrumpida por la torre amarilla de la catedral y su clima, más frío, le da un toque especial al visitarla. Una de las grandes ventajas que ofrece este pueblo son sus lugares naturales, donde se convierte en el campamento base para ir a visitar los puntos más famosos. Entre ellos, hay que destacar el mirador de Cuatro Palos para observar la profundidad de la Sierra Gorda. El Ex convento de Bucareli es otro sitio imperdible por su valor histórico, construido por franciscanos a fines del siglo XIX, alberga un museo y una importante colección de manuscritos teológicos en latín.

Paracho, Michoacán Cortesía

Paracho, Michoacán

Paracho es sinónimo de guitarras. Porque en sus tierras se encuentran parte de los mejores talleres y artesanos de guitarras de todo México. No es casual que Paracho haya cobrado fama gracias a la película de Pixar Coco, lo que convirtió al pueblo en una incesante fábrica de guitarras como la de la película. Aunque sus hábiles artesanos, no sólo fabrican una gran variedad de instrumentos musicales, también se dedican a manufacturar muebles, adornos y utensilios de cocina.
Y hablando de cocina, no dejes de probar el atapakua, el guisado prehispánico con caldo de tomatillo, flor de calabaza y carne de cerdo frita.

Tecali de Herrera, Puebla Cortesía

Tecali de Herrera, Puebla

Uno de los pueblos prehispánicoa que combina trazos de arquitectura colonial con una tradición artesanal legendaria en el ónix. Su principal monumento es el Ex convento de Santiago de Tecali, que está situado frente a la plaza principal y que se encuentra bajo el resguardo del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) por su alto valor histórico.
Pero parte de su encanto se lo lleva su tradición en el trabajo de la piedra ónix, algo que se puede observar en muchos de los talleres y tiendas que se ubican por la calle principal donde se pueden encontrar muebles, lámparas y muchos artículos hechos con ónix.

Holbox, Quintana Roo Cortesía

Holbox, Quintana Roo

No viven más de dos mil personas en la paradisíaca isla de Holbox, en Quintana Roo. Quizás ese encanto rústico y tranquilo son parte de las cualidades que han atraído a los turistas que buscan algo diferente a Cancún, una versión más apacible, escondida y, cómo no, con playas dignas de postal.

Tiene sólo 42 km de largo y dos km de ancho, superficie más que suficiente para disfrutar de sus arenas blancas. Holbox es un lugar privilegiado para ver y convivir con tiburones ballena, espectáculo que se puede apreciar entre junio y septiembre. Para llegar a la isla hay que tomar una lancha o ferry desde Chiquilá, pero vale la pena.

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