El puente flotante que desafía a la naturaleza

Uruguay innovó al construir el único puente con forma de anillo en el mundo sobre el área natural protegida de la Laguna Garzón

Por Publimetro

Uruguay cuenta con muchas joyas arquitectónicas y muestra de ello es el extravagante puente de Laguna Garzón en forma de anillo.

Este original puente fue construido en diciembre de 2015 y mide cinco metros de ancho y 323 metros de longitud. Es uno de los más emblemáticos de Latinoamérica porque desafía la fuerza de la naturaleza gracias a su alta modernidad y control ecológico. Se caracteriza por ser un puente circular sostenido por una serie de columnas de 25 metros de altura que permite el libre flujo de los cambios de la laguna y además el uso de embarcaciones, un elemento típico del lugar.

Dentro de la rotonda se puede transitar con vehículos mientras que, por fuera, a través de una terraza ‘volada’, cuenta con una senda peatonal para los transeúntes. Incluso, los pescadores tienen espacio para  sentarse cómodamente y observar los crepúsculos dorados y la variedad de aves de la zona.

Puente flotante Cortesía

Su estructura simboliza la alianza de dos departamentos de Uruguay: Rocha y Maldonado en un entorno mágico. Su vista panorámica lo vuelven un lugar imperdible para los amantes de la arquitectura, quienes pueden contemplar el paisaje de la reserva natural y observar, a la vez, a muchos deportistas que practican kitesurf, windsurf o stand up paddles sobre el lago.

Un poco más sobre la Laguna Garzón

Es parte de un extenso sistema de la costa Atlántica del Cono Sur, siendo uno de los ecosistemas de alta significación de Uruguay. Gracias a la conectividad de la laguna con el océano Atlántico, presenta un mosaico de ambientes singulares de elevado valor paisajístico y patrimonial en un espacio territorial pequeño y una gran diversidad de flora y fauna asociada a esos ambientes. El área protegida abarca nueve mil 596 hectáreas de superficie terrestre y 27 mil 332 hectáreas de superficie marina.

El creador del puente

Esta obra arquitectónica estuvo a cargo del arquitecto de origen uruguayo, Rafael Viñoly, quien describe la funcionalidad del puente en tres puntos destacables: su forma circular que hace que los automóviles lo recorran a baja velocidad; su curva que permite observar el panorama y por último, sirve como un paseo interno destinado a los peatones favoreciendo las caminatas recreativas.

Viñoly es reconocido por su trabajo en diversas partes del mundo y es miembro del American Institute of Architects, del Royal Institute of British Architects, del Japan Institute of  Architects y de la Sociedad Central de Arquitectos de Argentina.

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