EL COLOR: Gracias ídolo, hasta siempre "Temo"...

El atacante jugó 35 minutos en la paliza sobre Monarcas

Por José Miguel B. Ávila

“Temo”, “Cuau”, Cuauhtémoc, existen múltiples formas de llamar a Cuauhtémoc Blanco, pero para la afición americanista solo hay una: ídolo. 

El caos vial en los alrededores del “Coloso de Santa Úrsula”, así como las diversas muestras de cariño para el histórico atacante (banderas, playeras, canciones, porras, sellos, balones, vasos, etc.) pronosticaban un lleno para presenciar el último encuentro del dorsal número 100, con sus amados azulcremas.

Ya en el interior del Azteca, los gritos de la afición en cada toque de calentamiento que Blanco realizaba, así como en cada oportunidad en que la imagen del último gigante azulcrema aparecía en las pantallas del recinto deportivo, eran ensordecedores. Un ambiente digno del último adiós futbolístico para el presidente municipal de Cuernavaca. 

Tuvieron que pasar más de tres mil días para que el ex jugador del Real Valladolid y Chicago Fire jugara una vez más, vestido de amarillo, en el rectángulo del Azteca.

Con el partido ya en marcha, el “Temo” sumaba apenas ocho toques de balón y ya había provocado el “¡ole, ole, ole!” en las tribunas, un grito que no suele escucharse sino hasta ya adentrados los cotejos. 

Cuauhtémoc corría como novato, parecía competir por un puesto en el cuadro titular azulcrema en cada acción que aparecía. Sus ganas de brillar eran notables. 

A sabiendas de que sus minutos en la cancha serían pocos, apenas tuvo una ocasión interesante, el protagonista de esta tarde hizo que el público se levantara de sus asientos con un recorte al centro del campo, seguido de una “vaselina” que buscaba anidarse en el ángulo derecho del marco visitante.

Cuando el travesaño le negó el gol al homenajeado los aplausos, acompañados de cualquier cantidad de ademanes, inundaron el Estadio Azteca. 

Con el transcurso del tiempo, la gente seguía llegando a la casa del América y los jerseys amarillos, ya sea con el 100 o el 10, pero con la leyenda “Cuauhtémoc” plasmada encima de los dígitos, se contaban por miles. 

Con 25 minutos de juego, el calentamiento de Carlos Darwin Quintero se aceleró y la salida de Blanco se aproximaba, cosa que él conocía bien, por lo que imprimió todavía más esfuerzo en su accionar, al tiempo que la grada parecía no tener límites; desgastaba la garganta y se entregaba a su ídolo.  

Y así, sin conseguir su gol número 126 con las Águilas, pero con 28 toques de balón y el Coloso de Santa Úrsula rendido ante él, Cuauhtémoc Blanco, el tantas veces odiado y muchas más querido, abandonó la cancha a los 35 minutos para culminar su carrera profesional y convertir al Estadio Azteca en el epicentro de un terremoto, un sismo provocado por la emoción de los espectadores. 

“¡Temo, Temo, Temo, Temo!” se escuchó al unísono en el Azteca, al tiempo que Blanco recorría por última ocasión el terreno de juego para ceder su lugar a Darwin Quintero, para despedirse para siempre del amor de su vida, el futbol. 

Y así se escribió el último partido del “Jorobado” de Coapa, aquel que con 43 años edad alineó como titular y capitán del América. 

Al “Temo” le bastaron 35 minutos para completar un par de fintas, hacer vibrar el travesaño del rival, bromear, reír, tirarse una barrida al estilo llanero, fingir un penal, causar alegría (como cada vez que apareció en cualquier escenario) y le recordaó a la gente que la magia de este deporte reside en el talento de los jugadores que, con su creatividad y talento, se convierten en ídolos de los conjuntos futbolísticos que unifican a la afición y provocan emociones incomparables. 

Hasta siempre “Cuau”, te vamos a extrañar porque tu talento y carisma no sobran en el futbol actual, hoy sólo importan los trofeos y el dinero, pero ato todavía te gusta jugar por divertirte y por ello la afición te llevará en el corazón, y los americanistas en el recuerdo imborrable de una historia plagada de alegrías… Gracias “Temo” y hasta siempre!

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