“Quiero que vean que sigo vigente, que no estoy arrastrando la cobija”, Canek

El Príncipe Maya es considerado un leyenda en el "pancracio"

Por Sergio Meléndez

El Príncipe Maya tiene más de 40 años dentro de la lucha libre, donde es considerado una leyenda
Cuarenta y dos años en el mundo de la lucha libre avalan una de las carreras más prolíficas de este deporte en México.

Aunque muchos aficionados no lo crean, Canek, el Príncipe Maya, sigue apaleando rivales en las diferentes arenas del país, lo ha hecho con los padres y ahora los júniors son los que sienten el poder del  tabasqueño.

En una entrevista con Publisport, el enmascarado revivió algunos de los momentos que lo encumbraron en el gusto del público y lo tienen situado en un lugar especial dentro del deporte de los costalazos.

¿Cuántos años son como luchador profesional?

— Debuté en el Palacio de los Deportes en enero del 1975, ya son 42 años, a mí me tocó ver de niños a muchos de los luchadores que son estrellas en la actualidad como Dr. Wagner, Silver King, Alberto del Río, al Hijo del Perro Aguayo.

¿Y no se ha cansado de entrenar, viajar, recibir golpes después de tanto tiempo?

— La lucha es pasión, amor, para mí lo es todo porque cuando llegué a México lo hice con un cúmulo de ilusiones y no sabía hasta qué punto, hasta qué momento iba a llegar. Con el paso del tiempo se fueron haciendo realidad todos mis sueños, entonces ¿cómo me voy a aburrir de algo que me gusta, que me pagan por hacerlo, me pagan por viajar, llegar a los mejores hoteles, comer los mejores manjares?, estaría loco si no me gusta esto.

Quiero que vean que todavía estoy vigente, no estoy arrastrando la cobija, sigo luchando aunque no salgo mucho en la televisión.

¿Le molesta que le preguntemos constantemente sobre la fecha de su retiro?

— No me molesta para nada, de hecho yo estuve fuera de acción durante siete años debido a cuatro operaciones en el 2005 y 2007 donde me reconstruyeron las rodillas, tendones cruzados internos, me hicieron injertos. Me dijo el doctor que ya no iba a volver a luchar, que no iba a poder caminar, pero hay algo que me movió más que fue la fe en Dios.

Dios me dio esa oportunidad y lo primero que hice al ponerme el equipo y subir al ring fue darle gracias porque me permitió estar ahí parado haciendo lo que me gusta nuevamente.

Durante esos siete años inactivo me di la oportunidad de pensar que algún día llegaría el momento del retiro y cuando llegue lo aceptaré de buena manera, con la misma ilusión de cuando debuté.

¿Se considera uno de los luchadores más importantes en la historia de este deporte?

— Yo no me considero así. Pero he tenido la oportunidad de que el público me ha situado en un lugar en el que nunca pensé estar, me llaman leyenda y me da gusto.

¿El nombre de Canek es suyo?

— El nombre es mío, es marca registrada. Cuando llegué a México de Tabasco en 1973, a mí se me ocurrió ponerme así después de leer un párrafo que hablaba de Canek en el libro de texto gratuito y desde ahí se  empezó a forjar la historia.

Uno de los momentos cumbre en la historia luchística de Canek fue cuando levantó y azotó al temible André el Gigante, ¿usted se preparó para ese momento o fue algo que salió en el calor de la batalla?

— Nunca me he preparado para una lucha, siempre estoy en el gimnasio, entreno diario y estoy preparado para los eventos que tengo. Cuando conocí a André el Gigante en 1978 me impactó y no me imaginé que un día lo enfrentaría.

Cuando lo hice nunca pensé en levantarlo, al principio sí había nervios pero en el momento que estaba arriba del ring con él yo me sentí del mismo peso, del mismo tamaño y la adrenalina que me dio el público presente en el Toreo de Cuatro Caminos hizo que hiciera lo imposible.

Pero no fue una vez, ni dos, lo hice aquí en México, en Japón, Estados Unidos; haciendo memoria, me enfrenté a grandes luchadores como André, Hulk Hogan, creo que nadie va a enfrentar a la clase de rivales que lo hice yo.

¿Le quedaron lesiones después de haber cargado a André el Gigante?

— La fama tiene un precio y hay que pagar las consecuencias. Cuando tenía a André el Gigante levantado sentí cómo me tronaron las rodillas y ahí tronó todo.

Yo soy enemigo del bisturí, así que me dediqué a hacer terapia, ejercicio para fortalecer, pero llegó el momento de que ya no pude y me tuve que operar.

Ha acumulado muchas rivalidades a lo largo de estos años, pero ¿qué máscara le gustaría tener más que otras en su vitrina de trofeos?

— Creo que la culminación de mi carrera hubiera sido, porque no creo que se dé ya, la máscara de Mil Máscaras, de Dos Caras y Tinieblas. Nunca hubo un promotor que abriera la cartera, son eventos que cuestan.

¿Qué opina de la actualidad, de las redes sociales, son benéficas para el luchador?

— Pienso que es como todo, hay que actualizarse, como una licenciatura, un doctorado, a mí no me ha costado trabajo adaptarme a la nuevas tecnologías porque cuando yo iba a Japón conocí todo esto.

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