"Faltas a la moral"

Por Ricardo Salazar

Guadalajara tiene fama de ser una ciudad mocha y de doble moral. Tristemente, gracias a un alcalde del PRI ésta fama pinche, se confirmó el fin de semana.

Resulta que gracias a que un diario dirigido a las elites sociales mochas publicó que “Surgen cibermoteles”, el acalde Ramiro Hernández se apanicó y mando cerrar lugares de encuentro para homosexuales con el peor pretexto de todos: faltas a la moral. Un concepto jabonoso que ni siquiera tiene definición en la ley municipal y su interpretación queda a criterio del funcionario.

No se dio cuenta que al hacerse el sorprendido exhibió de nuevo la incapacidad de su gobierno, pues resulta increíble que en año y medio que lleva despachando ni él ni su equipazo se hayan dado cuenta de la existencia de estos lugares.

Los sitios de encuentro tienen al menos 25 años operando en Guadalajara, y ante la falta de licencia para un giro así, han operado con otras eufemísticas como cibercafé, gimnasio, expendio de cerveza y hasta de birriería. Y si se cerraban, no era por acciones de la autoridad sino por falta de clientes, por falta de ángel, o por sus gastos elevados de renta o mantenimiento.

25 años. Eso significa que han pasado al menos 8 gobiernos municipales con los que operaron sin ningún problema, con eufemismos, pero sin problema y lo paradójico es que al menos 5 de esos gobiernos fueron emanados del ultraconservador Partido Acción Nacional, incluidos dos alcaldes que luego llegaron a la gubernatura, Francisco Ramírez Acuña y Emilio González Márquez, el primero conocido por violar derechos humanos (Tlajomulcazo, Altermundistas, etc) y el segundo por ser un mientamadres al que los gays le damos asquito que promovió controversias constitucionales contra el matrimonio igualitario. Paradojicamente ninguno de ellos osó cometer la tontería que hizo el alcalde formado en las filas del viejo PRI, Ramiro Hernández. Un PRI que ejercía la represión, la censura, el autoritarismo. Un PRI que huele a naftalina y que uno creía olvidado.

Otra paradoja es que fue por ese viejo PRI que surgieron este tipo de lugares. A finales de los 80 y principios de los 90 había una persecución sistemática de homosexuales en las calles de Guadalajara a quienes se acusaba precisamente de faltas a la moral por caminar o vestir de cierta forma. Y si en la báscula policiaca aparecía un condón en los bolsillos, el individuo era inmediatamente llevado a los separos, acusado de prostitución. Así de absurdo. Por eso el cruising, que para entonces se practicaba de noche en lugares públicos como Plaza Tapatía o el Parque de la Revolución se fue trasladando poco a poco a lugares de encuentro indoors que se ubicaron a unas cuadras. Lugares que el PAN permitió operar con la filosofía: “mejor que hagan sus cosas ahí encerrados que tenerlos exhibiéndose por ahí”.

Así que lo que hizo el alcalde el fin de semana al cerrar lugares donde hombres adultos tienen sexo consensuado con otros hombres, donde NO hay prostitución ni menores de edad (se ponen estrictos con eso), ni abusos (hay un código silencioso bien establecido para el sí y para el no, y se respeta), es un viaje al pasado. Un viaje al pasado que tiene un tufo de homofobia, pues a los lugares de encuentro o tables donde los heteros desfogan sus pasiones, ni los tocó. 

A una ciudad que se presume cosmopolita y de vanguardia, Ramiro la mandó de regreso a hace 40 años, cuando comenzó la lucha por los derechos sexuales, cuando comenzó algo que parece que le pasó de noche: la revolución sexual.

Me apena que no haya leído el artículo que publiqué en estas páginas el 2 de abril (Puteros Legales), en donde hablaba de la existencia de estos giros y pedía quitarnos la máscara y regularlos; contaba que en ciudades del mundo que SÍ son de vanguardia como Berlín, París, Buenos Aires y hasta Roma donde está El Vaticano, estos giros existen y están regulados por el gobierno, que les cobra licencia como lo que son: SexClubs, y pagan impuestos y seguro social y los cuentan como empleos formales y se les obliga a cuidar la higiene y a regalar condones. Me apena, porque, como ya vimos que el alcalde entiende a periodicazos, si hubiera hecho caso a ese, nos hubiéramos evitado el mal rato, que otra vez pone a la ciudad como el hazmerreír del país, por mochos, por falsa moral, por hipócritas.

GRAVA

1.-Algo hay que agradecerle al alcalde. Unió las posturas de los activistas de la diversidad tradicionalmente divididos. En las próximas semanas habrá tres marchas donde se le recordará su hazaña quedabien con los mochos. Mochos que por cierto ni siquiera votaron por él y nunca votarán por el PRI, pues son el voto duro e inamovible del PAN #plop!

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