¿Y de repente entendió?

Ya entendió que no entendía. Esa fue la primera reacción al anuncio de que el presidente daría un mensaje al medio día para hablar del tema de la Casa Blanca. Sin embargo, el mensaje espectacular que nos recetó el señor presidente vino a mostrar que el viejo partidazo sigue a sus anchas con sus viejas prácticas. Es una broma común que en los tiempos de los presidentazos, antes de la alternancia, cada que se quería “resolver” un problema, es decir darle una salida elegante y simular que importaba, el presidente ordenaba crear una comisión. Y eso fue lo que hizo este martes Enrique Peña Nieto para sanjar las sospechas de que una de sus casas, las casa de su esposa y la de su secretario de Hacienda, fueron adquiridas en circunstancias extrañas que tienen un tufillo a conflicto de interés. Como se recordará ellos se las compraron con créditos envidiables a un constructor que a la postre ganó contratos millonarios en los gobiernos del Estado de México y de la República.

Lo curioso es que al “tomar medidas” ahora, el presidente demuestra que en realidad le importa más la opinión que de él se tiene en Estados Unidos, que lo que piensen los mexicanos a los cuales se debe y gobierna. Sí, porque eso de nombrar a un chalán para simular que se somete a una investigación imparcial vino sólo después del par de misiles que le propinó la prensa gringa, y no en medio del mar de críticas que a nivel interno se soltaron cuando resultó que su esposa sí era la señora de la casa y era más rica que él. Eso le valió quesillo.

Por lo demás, además de crear una comisión, otro rasgo del viejo estilo que sigue vigente es la contradicción intencionada para confundir. A lo largo de los más de dos años que lleva al frente del gobierno, el presidente se había resistido a nombrar a un Secretario de la Función Pública porque supuestamente estaba convencido que servía pá dos cosas: pá nada, y pá pura tiznada. Por eso sólo había ahí un encargado de despacho a la espera de que se aprobara el Sistema Nacional Anticorrupción, ese que el PAN y el PRI dicen impulsar, pero que se están tomando su tiempito para aprobar y más se tomarán para ponerlo en práctica. Pues bien, ahora pese a que en el pasado esa secretaría no sirvió de nada para cazar o exhibir corruptos recibe aire fresco del presidente que la saca de la fosa, con la intención clara de que sirva pá lo mismo que antes.

El camino para sentar a un presidente o a alguien de su equipo en el banquillo de los acusados, lo estamos viendo en el mundo, no es que él nombre a un subalterno para investigarlo, sino que otro poder, de esos que se supone son independientes del Ejecutivo se hiciera cargo de la investigación. Basta con ver los problemillas de algunos mandos de gobierno en España o lo que pasa en Argentina para ver la diferencia de resultados. Allá quienes investigan a los gobernantes son miembros del Poder Judicial, que sí demuestran que no están a las órdenes de quien gobierna, sino de la Justicia. Una comisión efectiva en México estaría adscrita, si acaso, en la Suprema Corte de Justicia de la Nación, no a cargo de un mono que le debe al presidente el favor de sacarlo de la banca con un sueldonón y prestaciones chidas, chidas.

Y hablando de cosas chidas, honestidad valiente, es la que le exige el presidente a su equipo, que ahora deberá cumplir un nuevo trámite: declarar si tienen algún conflicto de interés. Pero como son una bola de miopes, como el mero jefe o el secre de Hacienda, seguro se harán de la vista gorda y no verán lo que para todo el mundo es obvio, menos para ellos. Se puede esperar que, aunque lo haya, en esas declaraciones no venga ni pío escrito por puño y letra del funcionario. Es fácil prever eso.

Así que no. Ya quedó claro que el presidente no entendió que no entendía lo que no entendía y le sigue abonando a la indignación de un sector creciente de la población, al que intentó tranquilizar con un decálogo de cosas lindas que no hizo más que indignar más al respetable. Eso es lo que se puede rescatar de todo esto: que la gente ya no se chupa el dedo. Triste para él, que nadie le creyó que iba en serio cuando hablaba en contra de la corrupción.

GRAVA.-

1.- Carambola de dos bandas. La dizque presentación de Depeche Mode en Tlaquepaque encueró a dos gremios: al de los políticos que son capaces de mentir hasta en los niveles más pinches y al del periodismo de habrías. Se vale sobar.

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