¿En qué condiciones llega el país a las elecciones del 5 de junio?

De los 12 estados que elegirán gobernador, 9 son actualmente gobernados por el PRI, de los cuales en 5 nunca ha habido alternancia

Por Opinión semanal

Mariana Gómez del Campo, PAN

Este fin de semana se realizaron cierres de campaña en las trece entidades del país donde se llevarán a cabo elecciones; la ciudadanía ha escuchado las diferentes propuestas de partidos políticos, así como de candidatos independientes.

De los 12 estados que elegirán gobernador, 9 son actualmente gobernados por el PRI, de los cuales en 5 nunca ha habido alternancia que son Durango, Hidalgo, Quintana Roo, Tamaulipas y Veracruz; esto explica en cierta medida por qué el PRI-gobierno se ha enfocado en el golpeteo político y en la guerra sucia para ganar las elecciones en lugar de generar una oferta política distinta como sí lo hemos hecho otras fuerzas políticas. Ejemplo de esto es el bochornoso y burdo episodio de la imagen manipulada de autodefensas de Michoacán que difundieron como si fueran “operadores” del candidato del PAN en Tamaulipas. A ese nivel han llegado.

Es condenable que el gobierno emplee mecanismos ilegales de espionaje para fustigar a la oposición; tal parece que no han podido abandonar estas prácticas que traen en los genes y que se han traducido históricamente en fraudes, manipulación, acarreo, compra de votos y entrega de dádivas. Esto refleja que su prioridad no es el bienestar de los ciudadanos sino conservar su poder e influencia de cara a 2018.

Este 5 de junio también los habitantes de la Ciudad de México elegirán a los integrantes de la Asamblea Constituyente, proceso inédito, pues determinará a los perfiles que debatirán y aprobarán la Constitución de la Ciudad de México, la cual debe ser moderna y a la altura de las aspiraciones de la ciudadanía.

Tampoco es válido que se haya querido engañar a la ciudadanía haciéndola creer que la Constitución local es la panacea. En los hechos es una oportunidad para cambiar ciertos elementos de la vida institucional y democrática en la capital, son cambios marginales que deben convertirse en una base que permita tener mejores servicios, menos centralización y un mejor uso de los recursos públicos.

Tampoco podemos perder de vista que llegamos al 5 de junio en un contexto muy particular en el Congreso, donde de nueva cuenta el PRI, aprovechando su condición de mayoría gracias a sus aliados, han frenado la discusión de temas muy relevantes como las leyes del Sistema Nacional Anticorrupción, el Mando Policial o la Miscelánea Penal.

Esta jornada electoral será intensa y los ciudadanos debemos prestarles importante atención porque en varias entidades las encuestas están muy cerradas, los llamados “votantes indecisos” inclinarán la balanza. Además, esta elección nos permitirá hacer un análisis del escenario político nacional antes de 2018 en un momento en que el Presidente enfrenta los más bajos niveles de aprobación de su sexenio.

Alejandra Barrales, PRD

El panorama actual de nuestro país es complejo, muy parecido al contexto que vivíamos el año pasado, persistiendo el enojo, la desconfianza y la frustración contra todo lo que suene o se relacione con “la política”, afectándonos a todos los partidos y a los gobiernos locales sin exclusión.

Los motivos no faltan y es importante, como políticos que somos, admitirlos y señalarlos, porque es lo que vive la ciudadanía: no hay claridad en el actuar de los gobiernos ni actitud coherente por parte de los partidos. No hay transparencia, a lo que se suma la falta de resultados que impacten positivamente en la vida diaria de los mexicanos. Si bien mucho se ha avanzado en proponer mecanismos a través de los cuales la gente se involucre en estrategias de planificación y diseño de nuevas políticas públicas, aún es un camino que estamos comenzando a recorrer.

El próximo domingo 5 de junio, mexicanos de 14 estados de la República, 45% del padrón electoral nacional de acuerdo con Consulta Mitofsky, tendremos la oportunidad de votar para renovar gubernaturas, congresos locales y, en la Ciudad de México, elegir a quienes van a integrar la Asamblea Constituyente.

Sin duda alguna México es un país cada vez más participativo, más consciente y sensible a los acontecimientos que han cimbrado y transformado a nuestra nación, de las causas y repercusiones que tienen sobre cada uno de los sectores que lo componen, la sociedad, la política y hasta la economía. Los avances tecnológicos, la constante mejora del acceso a los medios de información pero, sobre todo, la educación,  han sido factores determinantes en la evolución del pensamiento crítico de la población.

Desafortunadamente, a pesar de que en las elecciones pasadas el nivel de participación fue de los más altos registrados, mayor al 47%, de acuerdo con el Instituto Nacional Electoral (INE), esto no es suficiente para ver cambios tangibles. Por eso es necesario que este domingo salgamos a votar, hacer que estas elecciones sean las de mayor participación en la historia de nuestro país.   

Es una nueva oportunidad para los ciudadanos de renovar no sólo cargos y escaños políticos, sino una nueva oportunidad de elegir propuestas que planteen estrategias para la implementación de políticas que sean capaces de atender las necesidades y demandas más significativas de la población.

Nuestra respuesta, como políticas y políticos, deberá ser volver a la ciudadanía, se debe tener claro que primero y antes que todo está la gente, a ellos nos debemos y por ellos somos políticos.

Este proceso electoral es en el que todas y todos, como ciudadanos, vamos a reiterar nuestro compromiso por nuestro país, por marcar cambios significativos para bien, por hacer de la nuestra una mejor sociedad y, sobre todo, demostraremos que somos un pueblo solidario en unidad, y que no hay obstáculo que sea más grande que nuestra voluntad, reflejada en el voto de los mexicanos.

Ana Lilia Herrera Anzaldo, PRI

Hoy nuestra sociedad desconfía del prójimo y también de la autoridad, pero cada vez hay más sectores que transforman la crítica en propuesta y participación, por lo que debemos llamar al voto libre, secreto e informado para transformar instituciones y, desde luego, la realidad.

Los ciudadanos mexicanos no tienen confianza en los actores clave de la democracia ni en las instituciones teóricamente más cercanas y visibles del Estado. Seis de cada 10 mexicanos piensan que la ley se respeta poco o nada, y apenas 19 por ciento confía mucho y algo en los partidos políticos; 17 por ciento en los diputados y uno de cada tres en la policía.

Esa realidad no es otra más que la expresada en el resultado del Informe país sobre la calidad de la ciudadanía en México 2015, elaborado por el Instituto Nacional Electoral con la colaboración de El Colegio de México.

El mismo estudio señala que en México la mayoría de la ciudadanía percibe a la democracia como un sistema donde muchos participan y pocos ganan; porque los ciudadanos participan y solo unos cuantos se benefician de esa participación.

El próximo 5 de junio se llevarán a cabo elecciones en los estados de Aguascalientes, Baja California, Chihuahua, Durango, Hidalgo, Oaxaca, Puebla, Quintana Roo, Sinaloa, Tamaulipas, Tlaxcala, Veracruz, Zacatecas y la Ciudad de México, donde se elegirán 12 gobernadores, 388 diputaciones locales (renovación de congresos estatales), 965 ayuntamientos y 60 diputados a la Asamblea Constituyente de la Ciudad de México.

Son innegables los avances que hemos tenido en nuestro sistema democrático durante los últimos 20 años, pero avanzar en el perfeccionamiento de nuestra democracia exige mayor eficiencia en los resultados de quienes ejercen los cargos de representación.

Y, por qué no decirlo, corresponde a todos como ciudadanos ejercer  nuestro derecho al voto en forma responsable e informarnos sobre las plataformas de los partidos, los candidatos que postulan, sus trayectorias, con una mirada retrospectiva para valorar resultados tangibles de quien ha velado por los intereses de las mayorías.

Si bien es cierto que ha habido hechos vergonzosos que pudieran justificar la desconfianza ciudadana, se debe asumir el reto desde las instituciones para recuperar confianza y credibilidad erradicando males como la impunidad y la corrupción.

Con amplios recursos tecnológicos al alcance de la mayoría, hoy vemos, por ejemplo, que las redes sociales propician un diálogo mucho más horizontal con la autoridad y han probado su efectividad denunciando a quien comete excesos o injusticias. Sin embargo, no es suficiente.

La madurez democrática a la que aspiramos requiere que todos centremos las críticas en aportar soluciones de largo plazo y no en la descalificación personalizada e inmediatista a ultranza, que utiliza el discurso del odio y las guerras sucias para derrotar al adversario político, ignorando la realidad y a los corresponsables. De eso ya tiene mucho la sociedad y está harta.

Consolidar una democracia de calidad exige también que como sociedad aprovechemos las ventajas que nos ofrecen la reforma educativa y un marco legal renovado que incluye la transparencia y el combate a la corrupción, además de la tarea compartida de sumar esfuerzos que se traduzcan en resultados tangibles de bienestar para las mayorías.

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