¿Cómo recomponer el camino de cara a las elecciones de 2018?

Varias voces han señalado a estas elecciones como unas de las más “sucias” y complicadas de los últimos años

Por Opinión semanal

Mariana Gómez del Campo, PAN

 

La guerra sucia en las elecciones es muestra de la carencia de proyectos de gobierno sustentados en argumentos y propuestas serias, por lo que hubo quienes necesitaron recurrir a la descalificación, a cualquier costo, para dañar la imagen de su contrario y tener una mayor posibilidad de acceder al poder.

En las campañas electorales de este año, ninguna de la 12 entidades donde se eligió gobernador quedaron exentas de estas prácticas reflejo de la evidente desesperación del PRI-gobierno.

Por desgracia, no es novedad, quieren acostumbrarnos a prácticas ilegales como la compra del voto, el uso de los programas federales, la entrega de dádivas que después se combinaron con mecanismos para inhibir el voto a través del miedo y con recursos como el espionaje y la guerra sucia. Prácticamente no hubo entidad en la que no se hayan filtrado a medios grabaciones o información personal; se llegó al extremo, como en Tamaulipas, donde editaron fotografías para atribuirle supuestos vínculos con delincuentes al candidato del PAN.    

A pesar de todo ello, la buena noticia es que la guerra sucia no tuvo efectos. Los electores ejercieron su derecho, castigaron en las casillas a los malos gobiernos y han dado un voto de confianza a proyectos de gobierno que sienten más cercanos y sensibles a sus necesidades; ahora, el reto de los electos es cumplir y actuar con responsabilidad.

Al margen de los resultados, no podemos permitirnos caer en una amnesia poselectoral, deben auditarse y transparentarse las administraciones que acaban, sin importar el color, y proceder con estricto apego a derecho, para sancionar a aquellos que convirtieron a los estados en feudos al servicio de sus propios intereses, como en el caso de Veracruz, un estado cuya estructura fue entregada al crimen organizado y utilizada para el beneficio personal del gobernador. Los ciudadanos quieren justicia, paz y el fin de la impunidad y de gravísimos atropellos a los derechos humanos.

Podemos sentirnos esperanzados, esta jornada ha sido histórica. Se terminó en varios estados con 86 años de gobierno ininterrumpido del PRI, estados que por fin conocieron la alternancia y que seguro gozarán de mejores gobiernos. El compromiso del PAN en las 7 entidades en las que se lograron gubernaturas será servir y seguir escuchando a los ciudadanos.

Los partidos debemos aprender otra de las lecciones de esta jornada: la necesidad de transformar la forma de comunicarnos y cuidar profundamente el perfil de los candidatos. Nuestra democracia tiene una cuenta pendiente que es generar mejores condiciones de vida y prosperidad, pero vamos en el camino correcto, porque es más claro que nunca que hoy los ciudadanos tienen el poder en sus manos para castigar a quienes traicionaron su confianza y premiar a quien ofrece claridad y rumbo.

Alejandra Barrales, PRD

Un proceso electoral es siempre una oportunidad para que todos nosotros, ciudadanos, gobierno, partidos y candidatos, reflexionemos sobre cómo estamos, cómo está nuestra comunidad, cómo hemos avanzando y hacia dónde vamos, lo que implica la posibilidad de cambiar de rumbo.

Llegamos a estos comicios con un panorama preocupante, en medio de un clima de desconfianza, hartazgo y frustración. Así ha quedado de manifiesto en la edición 2015 del informe Latinobarómetro, que monitorea la opinión pública en América Latina sobre la política y la economía, y que señala que 3 de cada 4 mexicanos desconfían de las elecciones, y sólo 32% de los ciudadanos se siente cercano a un partido.

El domingo pasado hubo comicios en 14 estados, se eligieron mil 365 cargos de representación popular, entre gubernaturas, alcaldías y diputaciones locales. Asimismo, por primera vez en la historia, se votó por 60 personas que integrarán nuestra Asamblea Constituyente, la cual se encargará de revisar, modificar y aprobar la primera Constitución de la Ciudad de México.

De acuerdo con el Programa de Resultados Electorales Preliminares (PREP), del Instituto Nacional Electoral (INE), la ciudadanía ha votado por la alternancia en estados en donde continuamente se denunciaron casos de corrupción y violaciones a los derechos humanos.

Estos resultados muestran el sentir ciudadano y que el voto sigue siendo un vehículo eficaz para manifestar el descontento de administraciones que dejan de ser cercanas y sensibles con la gente.
En la Ciudad de México se hizo presente el abstencionismo y este es el principal reto a vencer. El PREP señala que 71% de los capitalinos no votó por candidatos para la Asamblea Constituyente. Como políticos y partidos, es nuestra obligación analizar con lupa en qué fallamos y sin tardanza actuar en consecuencia.

Habrá que esperar los resultados finales de esta jornada. Sin embargo, es un hecho que todos queremos un mejor lugar donde vivir. Los mexicanos estamos hartos de la corrupción, de los abusos, de la falta de oportunidades laborales, de la inseguridad y de la violencia.

Se deben emprender acciones urgentes para estar cerca de la gente, mejorar la calidad de vida, recobrar la confianza en las instituciones y garantizar la correcta aplicación de la justicia, resolver de fondo la problemática que enfrentan los sectores más vulnerables del país. De lo contrario, no sólo políticos y partidos seremos los afectados, también lo será el futuro de la ciudad y del país.

Esta jornada debe ser un indicador del panorama que nos espera en las elecciones federales del 2018. Debe ser también el detonante que nos obligue a gobierno, funcionarios y autoridades a emprender acciones necesarias para mantener cercanía con la gente y mostrar resultados que impacten directamente a favor de todos.

Ana Lilia Herrera Anzaldo, PRI

Reconociendo que las elecciones se ganan o se pierden por un solo voto, admitamos también que los triunfos o las derrotas de este fin de semana, tuvieron en general un escaso margen de diferencia y peor aún: fueron marcados por el abstencionismo.

Siendo autocrítica, el mensaje para el PRI es contundente: habrá que reflexionar y actuar en torno al quehacer partidista, pero sobre todo frente al gubernamental. Representar a la sociedad exige hoy más que nunca, resultados, congruencia, transparencia y honestidad.

La alternancia sirvió en 2015 y 2016, para castigar la ineficiencia, omisión o corrupción de algunos gobiernos, aunque no podemos generalizar, pues gobiernos bien evaluados como los de Querétaro y Aguascalientes no se tradujeron en un triunfo electoral.

Así que estas elecciones prendieron focos rojos no para un partido o un candidato en especial, sino para la política en general, pues incluso lo que se pensó podría ser un fenómeno: las candidaturas independientes se desdibujaron en este proceso.

Lamentablemente podemos afirmar con evidencias que ningún partido tiene el monopolio de los yerros. Los resultados de este 5 de junio no alcanzan pues, para triunfalismos y mucho menos para hacer futurismo de cara a la sucesión presidencial.

Sí, es urgente una revisión profunda de los resultados de gobierno y en particular del actuar de los servidores públicos, que debiera ser de cercanía, honradez y capacidad.
Falta el proceso postelectoral. Ante márgenes tan cerrados en los resultados, seguramente habrá impugnaciones.

Desde mi punto de vista, más que festejar la victoria o lamentar la derrota, urge que los partidos políticos hagan un análisis a fondo de las tan penosas campañas de lodo que algunos hicieron pero, sobre todo, de cómo van a garantizar desde el gobierno, cumplir con las ofertas electorales que presentaron a la sociedad.

Hoy más que nunca México exige asumir compromisos y la sociedad nos demanda resultados concretos. Repartir culpas puede alcanzar para ganar elecciones, pero no para devolver la confianza en las instituciones y mucho menos para lograr la paz y el desarrollo que merecen nuestros hijos.

En 2018 los contendientes deberán acreditar algo más que su odio y la descalificación por el adversario: será necesario evaluar su capacidad y la viabilidad de sus propuestas, pues la alternancia por sí misma ya demostró ser insuficiente.

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