¿Los mexicanos deberían tener miedo si Trump llega a la Presidencia?

Un hecho que se debe lamentar es que el gobierno mexicano ha sido omiso ante los agravios y las calumnias del empresario

Por Opinión semanal

Mariana Gómez del Campo, PAN

La entrada “triunfal” de Donald Trump a la Convención del Partido Republicano en Cleveland, Ohio; al estilo de un espectáculo mediático contrastó con la inasistencia de las grandes figuras tradicionales del partido como John Kasich, gobernador de Ohio; John McCain, senador por Arizona; Mitt Romney, ex candidato presidencial; Marco Rubio, senador por Florida; así como la Familia Bush lo que marcó una de las más desangeladas convenciones en la historia de ese partido.

Durante su discurso de aceptación de la candidatura, Trump reiteró sus posiciones xenófobas y nacionalistas e, incluso,  incitó a los asistentes a corear mensajes contra Hillary Clinton. Repitió las mismas falacias de siempre: que los migrantes son la causa del declive de Estados Unidos y reiteró su compromiso con la construcción de un muro en la frontera con México.
 

Trump ha sido excepcionalmente certero para identificar y explotar elementos discursivos y sentimientos entre los estadounidenses, en especial, una encuesta publicada por The New York Times señala que el 91 por ciento de los seguidores de Trump proviene de hombres blancos, solteros, con bajo nivel educativo y mayoritariamente conservadores, los llamados “angry white man” (hombre blanco enojado), los cuales consideran, entre otras cosas, que los inmigrantes son una carga para Estados Unidos, que la bandera Confederada es un símbolo de orgullo sureño, que los afroamericanos son los responsables de no “salir adelante”, y niegan la contribución del ser humano al cambio climático.

El magnate logró convencer a la mayoría de los 15 millones de republicanos, veremos si es capaz ahora de hacerlo con los 150 millones de votantes norteamericanos. Es difícil anticipar si esa estrategia le rinda los mismos frutos, por la simple razón del peso y poder que tiene el voto latino.

De acuerdo con un análisis del Pew Research Center, la población mexicana en Estados Unidos alcanzó los 34.6 millones de personas, de la cual el 42 por ciento ha vivido en Estados Unidos por más de 20 años; además, la población mexicana genera anualmente ingresos cercanos a los 17 mil millones de dólares, que representan aproximadamente el 8 por ciento del PIB.

Ahora, veamos lo que representan nuestros vínculos. En el ámbito comercial, tras la suscripción del TLCAN en 1994, México y Estados Unidos establecieron una relación sumamente estrecha, nuestro país se ha consolidado como el tercer socio comercial de ese país después de China y Canadá. De acuerdo con los últimos datos de la Oficina de Censo de los Estados Unidos, en 2015, nuestros países comerciaron 531 mil millones de dólares, posicionando a México como el segundo mercado más importante de las exportaciones estadounidenses.

Ante estos datos, romper de manera repentina con todo lazo comercial es un pésimo escenario para ambos, no se trata de un juego de suma cero, donde lo que pierde uno, lo gana el otro.  La economía estadounidense también resultaría afectada. El grado de articulación de una economía global nos ha mostrado en numerosas ocasiones que las decisiones de un país terminan repercutiendo en otras latitudes. Por eso, el peligro de la visión retrograda y tan elemental de Trump. Lo cual confirma que si un gobernante populista es sumamente dañino, lo es más si se trata de un ignorante.  

Un hecho que lamentamos es que el gobierno mexicano ha sido omiso ante los agravios y las calumnias. Incluso, hace unos días durante el último encuentro entre los presidentes Obama y Peña Nieto, el presidente mexicano en lugar de ser contundente en contra de los dichos de Trump fue totalmente condescendiente.  Si bien debemos ser respetuosos de nuestros principios de política exterior, tenemos que actuar cuando se daña el prestigio y la honra del pueblo mexicano, más aún cuando los dichos pueden derivar en agresiones. Tenemos un embajador y una red consular en suelo estadounidense que bien podrían mostrarle al electorado los beneficios recíprocos de nuestra relación y actuar para que se respete a México.

Las últimas encuestas realizadas por The Wall Street Journal y la cadena NBC, otorgan a Clinton un 46% de apoyo electoral, frente al 41% del candidato republicano; la encuesta muestra cómo el candidato ha perdido apoyo de sectores importantes, de hecho, empresas como Apple, Facebook y Amazon han emitido su disgusto con Trump por sus declaraciones en temas como la privacidad y la inmigración. Ir en contra de los sectores inmigrantes significa perder un importante número de votos, particularmente si recordamos que en las elecciones presidenciales de 2008, Barack Obama inclinó la balanza a su favor gracias a los votantes de origen latino.

Desde México alzamos la voz en contra del populismo y la intolerancia, hacemos un llamado respetuoso para que los estadounidenses voten con base en información y conciencia. En noviembre próximo no sólo está en juego la silla presidencial sino el rumbo en la vida de millones de personas en todo el mundo.

Alejandra Barrales, PRD

Como ha sido señalado por la prensa internacional, contra todas las expectativas, lo que parecía ser una campaña mediática o estrategia para despertar el nacionalismo estadounidense, a través de un mensaje con narrativa polémica y en algunos casos hasta de odio por parte del empresario Donald Trump, rápidamente ha escalado en el sentir de los votantes para convertirse en el candidato oficial por el Partido Republicano a la Presidencia de Estados Unidos.

Esto, definitivamente, genera un contexto de incertidumbre no sólo entre nuestros vecinos del norte, sino también en la comunidad internacional, debido a las controversiales políticas “proteccionistas” que el empresario pretende llevar a cabo, como atentar contra el libre intercambio comercial a través de impuestos, romper con la cooperación internacional y, por supuesto, su ambicioso proyecto de construir un muro en nuestra frontera común.

Como mexicana reconozco que este tipo de hechos a nivel internacional tienen un gran impacto, sobre todo al tratarse de un país vecino. Pero también estoy convencida de que si nosotros nos mantenemos como una sociedad fuerte, productiva, emprendedora y trabajadora, seremos capaces de resistir e incluso disminuir los impactos de la política exterior.

La candidatura del republicano Donald Trump es una amenaza latente, sin embargo, en este camino también existe otra posibilidad, la de que por primera vez una mujer llegue a la presidencia de una de las naciones más poderosas y nos impacte para bien.

Al ganar ella ganamos todas las mujeres, que somos el pilar de este país, no sólo las que hacemos política, si no las que desde casa administran y hacen rendir el gasto,  las que negocian para conciliar el interés de sus hijos con el de su trabajo, las que son cabeza de familia y tienen dobles jornadas laborales. Es una buena noticia para las políticas de equidad e inclusión, porque llevará la representación, el empoderamiento y la defensa de los intereses de las mujeres a su máxima expresión.

Al ganar ella ganamos todas las mujeres, especialmente las que en nuestro día a día perseguimos el anhelo de la igualdad.

Justamente siguiendo esta labor que es propia de las mujeres –la búsqueda de un mejor presente y futuro para todos–,  me despido de esta columna, no sin antes agradecer el apoyo brindado por esta casa editorial, Publimetro, que siempre mantuvo las puertas abiertas y ha apoyado la libertad y el derecho de expresión con espacios como este.  Gracias Publimetro y estoy segura que vendrán nuevos proyectos.

Finalmente, el proceso electoral que tiene por delante Estados Unidos será sumamente importante; sin importar los resultados, no podemos sucumbir al miedo. Como actores políticos ante el complicado contexto internacional tenemos el deber de unirnos y sumar esfuerzos para generar las condiciones que impulsen el desarrollo de lo más valioso que tenemos como país, el potencial de nuestra gente.

Marcela Guerra, PRI

Una vez concluida la Convención Republicana realizada en Cleaveland, Ohio, el Partido Republicano ha oficializado las candidaturas de Donald Trump y de Mike Pence como fórmula para Presidente y Vicepresidente, respectivamente, de Estados Unidos de América.

Quizá como en ningún otro momento de la historia reciente, los mexicanos hemos estado al corriente del proceso electoral de nuestro vecino del norte. México y los mexicanos en el ojo del huracán y del programa que surgió de la Convención Republicana de la semana pasada. ¿Es esto negativo? ¿Es una mala noticia?

La relación bilateral México-Estados Unidos transita en la actualidad por un proceso de institucionalización sin precedente. Las cifras que se generan por el comercio, la interdependencia de nuestras economías y los crecientes intercambios educativos confirman que el Diálogo Económico de Alto Nivel, el Foro Bilateral sobre Educación Superior, Innovación e Investigación, así como el Consejo  Mexicano-Estadounidense para el Emprendimiento y la Innovación, se convierten en mecanismos esenciales para administrar los principales temas de nuestra agenda compartida.

En el mismo sentido, la encuesta de opinión pública que genera el CIDE México, las Américas y el mundo, que en diez años ha demostrado ser un instrumento con consistencia metodológica para conocer las percepciones de los mexicanos sobre la política exterior de nuestro país, da cuenta de que los mexicanos, en general, concebimos en términos positivos la relación con nuestro vecino del norte.

Estamos convencidos de que amplios sectores en Estados Unidos también aprecian que México es un vecino estratégico para su seguridad y prosperidad. Reconocemos que la base social, que por ahora apoya a Donald Trump, desconoce la importancia, magnitud e implicaciones que tiene la relación de su país con el nuestro.

De llegar Trump a la presidencia de Estados Unidos, el mundo entero se pondrá alerta porque su discurso contrasta con los valores que históricamente han identificado a ese país: la riqueza de su sociedad con pasado migrante, la libertad para emprender y aprovechar oportunidades, la facilidad para hacer negocios.

Nuestra diplomacia ha reconocido que reaccionó tardíamente al discurso hostil y xenófobo de Trump. La estrategia que se pone en práctica hoy día está enfocada a restablecer contacto eficaz con nuestros aliados en ese país, para difundir que una reorientación de la relación bilateral en la dirección del proteccionismo y la discriminación atentaría en primer lugar, contra los intereses de Estados Unidos.

Resulta imprescindible en estos momentos ver la posible victoria de Trump a la presidencia como oportunidad más que “temor”. Estar en los primeros lugares de la agenda de Estados Unidos nos obliga a proponer, a negociar, a abogar por los intereses de nuestro país con ideas, argumentos y con los lazos que nuestras comunidades han tejido y seguirán tejiendo durante la historia.

En la Comisión de Relaciones Exteriores, América del Norte del Senado de la República, acompañaremos la estrategia de la SRE aprovechando el consenso que los mexicanos tenemos respecto de la importancia de la relación bilateral.

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