Desapariciones forzadas: una herida dolorosa

Por FUNDAR

En la última década, las desapariciones forzadas han tomado dimensiones alarmantes como nunca antes había sucedido en el país, el promedio de desapariciones por día ha aumentado considerablemente según datos arrojados por el Registro Nacional de Datos de Personas Extraviadas o Desaparecidas (RNPED).

Este es un problema muy grave que sin duda merece ser atendido con prontitud y eficacia por parte del gobierno en turno, pues hiere la vida cotidiana de la sociedad mexicana.

Las víctimas

Las víctimas son personas de edad y género indistinto.  Los victimarios que siembran el terror en la sociedad no miden costos políticos al desparecer a una persona, cometen tortura, trato cruel, inhumano y degradante. Hay víctimas que logran sobrevivir, sin embargo, cuando termina este cautiverio la pesadilla aun continua pues estas personas pueden sufrir durante un largo tiempo traumas muy fuertes a consecuencia de la mala experiencia. Un ejemplo de esto, son las personas que fueron víctimas de desaparición forzada en la Tierra Caliente de Guerrero y que posteriormente fueron liberadas, sin embargo su vida ya no puede seguir de la misma forma.

Los familiares

El sufrimiento permanece en los familiares y personas cercanas a las víctimas, pues la angustia de no saber si la persona desaparecida vive o si fue ejecutada, de no saber dónde está su cuerpo, lastima los sentimientos de los familiares y amigos. Casos como en el que la persona desaparecida es el sustento en una familia, las consecuencias emocionales y económicas se conjugan formando un problema más grave para toda la familia, pues no solo sufren por el dolor de la ausencia del familiar si no que de igual forma por la carencia económica para seguir sobreviviendo en la vida. Estas graves privaciones afectan en muchas ocasiones con mayor frecuencia a las mujeres pues son quienes se quedan a enfrentar tanto la lucha por acudir a instancias de gobierno para pedir la búsqueda de su ser querido y además de abastecer económicamente al hogar, lo cual es lamentable y en detrimento familiar.

Las comunidades

Son entes de la sociedad que están siendo fuertemente afectadas en su tejido social pues la desaparición de personas se está usando a menudo como estrategia para infundir terror en los ciudadanos y someterlos al yugo delincuencial. La sensación de inseguridad que ésta práctica genera, no se limita a los familiares directos de la víctima si no que afecta a la comunidad en general y al conjunto de la sociedad. 

Y las preguntas que surgen son, ¿Hasta cuándo la sociedad va a reaccionar? Ahora son veintiséis mil desaparecidos según los mismos datos del RNPED, ¿Acaso será que hasta que desaparezcan a un integrante de cada familia mexicana permitirán que sigan sucediendo estos graves sucesos? Somos millones contra unos cuantos que ostentan el poder de estas prácticas

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