Medellín: la violencia se transforma

En 1991 alcanzó la tasa de homicidios más alta: 395 por cada 100 mil habitantes, cifra que ha bajado al grado de convertir al país en destino cultural

Por VICE
Ilustración: Clementina León
Medellín: la violencia se transforma

Capital Criminal es un viaje por siete ciudades de los siete países más violentos de América Latina. Brasil, Venezuela, Colombia, Honduras, El Salvador, Guatemala y México concentran un 34% de los asesinatos que se cometen en todo el mundo.

Unos días antes de regresar a Medellín, la ciudad donde creció, el ex traficante colombiano Carlos Ramón Zapata, alias El Médico, fue con una budista zen que le aconsejó perdonar a todos los que le habían dañado: a los asesinos de su padre, a los socios que lo habían traicionado, a los que lo acusaban de “sapo” (soplón). Pero él se negaba a perdonar a un paisano que hacía poco le había robado dinero en un negocio. La terapeuta lo convenció e hicieron una meditación. Cuando terminaron, le tomó una fotografía y su aura, cuenta, apareció completamente blanca. Estaba listo para visitar su ciudad.

“Llegué acá a Medellín súper peace and love. Y puta, ¡lo matan a los tres días!”, dice Zapata mientras da un sorbo a su limonada en un centro comercial de El Poblado, una de las zonas más exclusivas de Medellín. “Lo vi en el periódico, fue como a diez cuadras de aquí, en un restaurante. Y lo primero que pensé fue que mi terapeuta no me iba a creer”.

Zapata, un hombre calvo de ojos pequeños y barba de candado, es un ex miembro del Cártel del Norte del Valle, que en 1999 se entregó a la justicia de Estados Unidos y cumplió condena durante cinco años en ese país. Hasta 2015 no había regresado a Medellín, y ahora, prefiere venir poco para evitar problemas.

Dos semanas antes de la entrevista, en agosto pasado, cuenta que otro de sus “enemigos” fue asesinado. Se llamaba Santiago Toro Trujillo. Estaba en una barbería cuando un hombre le disparó en la cabeza. El asesinato quedó grabado en la cámara de seguridad del local y se hizo viral. Según Zapata, Toro había matado a uno de sus primos. “Llego y lo matan, entonces dicen que fui yo”, explica al tiempo que muestra en su celular la página Revelaciones del bajo mundo, un blog del periódico El Colombiano con noticias del crimen en Medellín, en la que un comentario relaciona su llegada a la ciudad con el asesinato.

Cerca del restaurante donde conversamos hay tiendas, galerías de arte y bares de moda llenos de extranjeros. El Poblado es una de las imágenes icónicas del “milagro de Medellín”, aquel que convirtió a la ciudad en la que se ha matado más en la historia de América Latina —395 personas por cada 100 mil habitantes en 1991— en una referencia en la reducción de homicidios y la lucha contra la violencia (el año pasado la tasa fue de 21.92 por cada 100 mil habitantes). Medellín se proyecta hoy como una ciudad cultural, empresarial e innovadora mientras intenta quitarse el fantasma de Pablo Escobar y el de esa ciudad en guerra retratada en infinidad de series televisivas, documentales y películas.

En ese Medellín, Carlos Ramón Zapata se convirtió en El Médico cuando dos sicarios en moto asesinaron a su padre. La orden supuestamente provenía de Pablo Escobar. “Andaba poseído. Durante seis meses usaba la ropa de mi papá. El día que lo mataron, alcanzó a meter la mano para sacar la pistola y dejó los dedos pintados en el maletín. Yo lo cargaba así con la sangre seca”.

Zapata se había graduado como cirujano y por venganza, se hizo informante y ayudó a financiar a Los Pepes (Perseguidos por Pablo Escobar), un grupo de antiguos socios del capo que se aliaron para acabar con él. Después se convirtió en traficante y trabajó con los paramilitares. “No se podía confiar en nadie. No se sabía si el de al lado era Pabludo o de Los Pepes”, cuenta el ex traficante, cuya historia también se convertirá en una serie de televisión en México, país en el que vive actualmente. Todos los días había muertos. Cada semana, bombas. Años más tarde se enteró de que Escobar no tenía que ver con el asesinato de su padre, sino que habían sido sus socios, los hermanos Ochoa.

Después de guerras entre cárteles, tres atentados, dos balas en el cuerpo y decenas de amigos y familiares muertos, Zapata se entregó a la justicia justo después de la Operación Milenio (1999) en la que fueron arrestados 30 narcotraficantes con orden de extradición. Desapareció del mundo criminal colombiano.

Mientras El Médico estaba en Estados Unidos, Medellín desaparecía de las listas de las ciudades más violentas del mundo. Muerto Escobar, en la ciudad todavía peleaban los grupos guerrilleros, después los paramilitares. Los narcotraficantes lucharon para heredar el trono de Pablo Escobar, que finalmente consiguió Diego Fernando Murillo, alias Don Berna. Con él, el último capo que manejó Medellín con fama más allá de Colombia, empezó el periodo de la Donbernalidad, una especie de paz narca bajo su dominio. Los homicidios descendieron.

Cuando regresó a Medellín no podía reconocer la ciudad: había demasiado tráfico y la gente ya no iba armada como antes. Llegaban turistas y se celebraban eventos mundiales. La tasa de homicidios se había estabilizado en niveles 15 veces menor a los años en los que él empezaba a traficar.

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